
Me gustó mucho mi último personaje en El Americano. Está basado en un libro llamado Un hombre muy privado , que trataron de llevar por muchos años al cine y sólo hasta ahora se pudo lograr. Quedó con ese sabor europeo que tanto me gusta.
Acabo de recibir una copia de primera edición autografiada de Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, así que la he comenzado a leer de nuevo. Es un buen ejercicio volver a leer cosas después de un largo tiempo porque se descubren nuevas dimensiones.
Hay escenas que dan la pauta para mostrar que uno puede evitar sentir emociones. A veces puedes darte cuenta qué tan mala o desesperada puede llegar a ser una persona. En varias películas en las que he trabajado he tenido que estudiar la personalidad de los personajes. Me siento como un artesano.
Hay actores que son muy buenos interpretando papeles por mucho tiempo. Hay otros que no lo son tanto, pero lo peor de todo es que yo no estoy en ninguno de los dos grupos (risas…).
Mi actitud hacia las mujeres siempre ha sido la misma. Así como me gustan las jóvenes también disfruto de una mujer madura. No pienso en compromisos, pienso en vivir el momento.
Hay que hacerles la vida más fácil a los compañeros de trabajo. Es ahí en donde pasas la mayor parte de la vida.
La gente cree que categorizo a las mujeres por algún tipo de belleza. Si tienen implantes, si son rubias, latinas o europeas… La verdad es que es no me importa. La gente tiene que hacer lo que los haga sentir mejor.
En lo que no estoy de acuerdo es que las jovencitas se hagan cirugías a tan temprana edad. Terminan haciendo cosas terribles con sus rostros y cuerpos. ¡No es posible que tengas 25 años y quieras verte más joven.! Me gusta madurar naturalmente.
Siempre trato de pinchar a los admiradores con los bolígrafos que me entregan. Una vez que lo hago con el primero y empieza a sangrar, los demás se intimidan (risas). Sin importar las circunstancias hay que saber tratar a la gente. Con paciencia se llega siempre muy lejos
Aprendí a manejar todo esto cuando era niño. Mi padre era un periodista muy respetado en su microcosmos de Cincinnati, Ohio. Él era como una estrella de cine en su medio, así que crecí alrededor de un ambiente muy similar, obviamente guardando las proporciones. Desde entonces me sentía como en una pecera.