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Una semana de máxima ebullición vivió la Federación Colombiana de Fútbol, claro está, dividida en dos frentes. El positivo: la buena y dramática clasificación de su selección sub-20 a los cuartos de final de “su” Mundial, al vencer agónicamente a Costa Rica. Y el negativo: el escándalo que protagonizó su técnico del equipo de mayores, Hernán Darío Gómez, tras aceptar y excusarse —mediante un comunicado— por golpear a una mujer.

Con la sub-20 saboreó las mieles. Y aunque no se jugó bien ante los ticos, sus muchachos le metieron corazón y coraje, cualidades válidas cuando el fútbol está refundido. Se ganó y punto. La fiesta sigue y el país entero está volcado con el equipo en pos de conquistar el título mundial. Ojo, que todavía no se ha ganado nada. El rival de esta noche es un hueso duro de roer. Y si bien el carisma de sus jugadores y la genialidad de algunos le han salvado la papeleta al técnico Eduardo Lara, no se puede tentar tanto a la suerte.

El lunar fue, sin duda, la penosa forma como manejó el tema del Bolillo Gómez. En una declaración inicial, su presidente Luis Bedoya, aunque reprochó el hecho, tomó distancia al asegurar que no iban a revolver los asuntos personales con los profesionales. Al otro día la Colfútbol, en su página de internet, anunció la renuncia de Gómez, para 24 horas después decir que tras concluido el Mundial Sub-20 decidirá si Hernán Darío se queda o no. Eso sólo se puede interpretar como una pura estrategia para esperar que las aguas se calmen. La verdad es que, según se dice por los pasillos, la decisión ya está tomada y Bolillo se queda. Qué pantomima tan vergonzosa. Si lo quieren dejar, díganlo ya, pero para qué hacer este show. Si van a quedar mal, que sea de una vez.

No soy de las que piensan que hay que condenar y crucificar a Hernán Darío. No lo voy a justificar. Se equivocó como cualquier ser humano. Si ya había renunciado y aceptado su equivocación, para qué volver. Los errores hay que pagarlos. Él es el embajador ante el mundo del fútbol colombiano y sencillamente la embarró. Pero lo peor es que Gómez no es el que está abanderando su regreso, sino  los directivos, que supongo consideran que agredir a una mujer es una falta menor. Lamentablemente creo que tienen embolatada su escala de valores. Amanecerá y veremos.

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