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Mitos

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En su libro las raíces triviales de lo fundamental, el físico Jorge Wagensberg calculó que han existido unas 100.000 religiones desde el origen de la humanidad.

Unas pocas son monoteístas, por lo cual el número de dioses que han acompañado al hombre bien puede acercarse al medio millón. Muchas religiones desaparecieron o, en términos más precisos, dejaron de tener seguidores; su rastro permanece con el legado de mitos, o a través de construcciones colosales para honrar a sus dioses y a sus muertos en magníficas esculturas de los habitantes del Olimpo. El aporte cultural de civilizaciones como la egipcia, la griega, la romana, no tendría tanta significación si se excluyera el componente religioso.

A pesar de la destrucción de los lugares sagrados y la persecución a las tradiciones religiosas de los habitantes de América a manos de la conquista española, quedan relatos de la creación que permiten conocer su rica cosmogonía.

Pocos dioses han aparecido en los últimos siglos. Si bien han proliferado nuevas religiones, muchas de éstas se derivan de las iglesias protestantes. Los profetas de alcance supranacional brillan por su ausencia. Una excepción puede ser Joseph Smith, que cuando tenía 14 años en 1820, Jesucristo y el Dios padre se le aparecieron indicándole que creara una nueva religión. Posteriormente le indicaron el sitio donde, en planchas de oro, estaba escrito el nuevo evangelio. La iglesia que fundó se llama La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, popularmente conocida como los Mormones: la nueva Jerusalén está en Salt Lake City.

Entre los pocos mitos de Occidente creados en los últimos 400 años pueden señalarse La manzana de Newton, y el doctor Fausto.

El conocimiento por revelación o inspiración está asociado a un árbol: Adán y Eva buscan la sabiduría comiendo la manzana, el fruto prohibido. La iluminación de Buda tiene lugar bajo un árbol. Las más significativas hipótesis científicas, la fuerza gravitatoria y la que postula que las leyes naturales que rigen en la tierra son las mismas que rigen el cosmos, tienen también que ser inspiradas o descubiertas bajo un árbol.

Qué mejor que sea un árbol de manzana, para así recordar el castigo a Adán y Eva por su deseo de conocer. El mito de la manzana de Newton fue creado por Voltaire: Newton ve caer el fruto del árbol, bajo el cual dormía la siesta, y deduce que la causa que atrae la manzana a la tierra es la misma que mantiene la Luna en su órbita. La realidad es menos poética: Newton conoce el valor de la aceleración de la gravedad, porque su profunda intuición le hace ver que la Luna se desvía de la trayectoria rectilínea por la atracción de la Tierra, ya que conoce la distancia Tierra-Luna y el período del satélite en su órbita alrededor de la Tierra. Con estos datos, con un cálculo simple, muestra que la atracción Tierra-manzana, Tierra-Luna se ajusta a la ley inversa de los cuadrados de la distancia.

Otro mito en Occidente es el doctor Fausto. Hay antecedentes en 1480 de un hombre que iba acompañado por dos perros que eran demonios. El personaje fue inmortalizado por Goethe en 1808. Fausto es un hombre con sed de saber y de amor.

Necesita tiempo para asimilar el conocimiento albergado en su biblioteca, la juventud se le va y con ella el tiempo y la facilidad de aprender. Los dioses no le permiten satisfacer su anhelo. Mefistófeles sí, el precio es su alma. Es otro personaje que debe ser castigado por su ambición de sabiduría.

* Rector Universidad Jorge Tadeo Lozano.

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