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Percepciones

Arlene B. Tickner
09 de agosto de 2011 – 06:00 p. m.

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¿Qué tienen en común el desplome de las bolsas , los disturbios violentos en Londres, las manifestaciones estudiantiles en Chile y las apreciaciones hechas sobre el primer aniversario de Santos?

A pesar de ser acontecimientos disímiles, todos ilustran la importancia de las percepciones, la materia prima que permite a las personas y a los gobernantes interpretar y actuar frente a la realidad.

El que el comportamiento humano esté basado más en percepciones que en hechos “reales” se ilustra con las encuestas  sobre el Gobierno colombiano. Aunque los indicadores de seguridad no han variado de manera notable durante los últimos dos años, los colombianos se sienten mucho más inseguros hoy. En contraste, el país presenta cifras inaceptables de desigualdad, pero la gente es optimista sobre el futuro y considera que el país va por buen camino.

La caída bursátil también causa perplejidad sin considerar el rol jugado por las percepciones. El nobel Paul Krugman observa con cierta ironía que Standard & Poor’s, que al bajar la calificación crediticia de Estados Unidos supuestamente la provocó, es aún más desconfiable que el gobierno estadounidense, dada su responsabilidad en la generación de la crisis económica mundial. El hecho de que nadie confía en S&P se confirma si se observa que en medio del pánico de estos días, los bonos del Tesoro no sólo no bajaron sino que presentaron un alza. Por más ilógico que suene, la decisión de la calificadora de riesgo simplemente “ratificó” la creencia de que la economía está empeorando y que los políticos en Washington no la repararán pronto.

En Londres, la conversión de una protesta pacífica por la muerte de un hombre negro a manos de la Policía en un disturbio multitudinario ha sido representada por el gobierno británico y los medios globales como una “orgía de violencia aleatoria” cometida por “locos”. Poco pesa en dichas lecturas la percepción de los mismos jóvenes pobres de que las medidas de austeridad adoptadas en Inglaterra son injustas o que la Policía los acosa arbitrariamente. Algo parecido a lo que ha ocurrido en Chile, en donde Piñera también ha desestimado la legitimidad de las protestas estudiantiles que exigen mejoras sin el freno que la memoria de la dictadura planteaba para generaciones anteriores.

En True Enough: Learning to Live in a Post-Fact Society (2008), Farhad Manjoo argumenta que la información ilimitada que ha puesto a nuestra disposición la revolución tecnológica dificulta aún más la identificación de lo falso y verdadero, dejando vía libre a las percepciones. Mientras que un mismo problema siempre se podrá ver y procesar de formas distintas, la diferencia ahora es que la tecnología nos permite sopesar solamente aquella información que confirma nuestra versión de la verdad. Por ejemplo, a pesar de un amplio consenso científico sobre el calentamiento global, hay quienes dudan de su existencia. De forma similar, aunque puede mostrarse empíricamente que el motor principal de la deuda de los Estados Unidos es la baja recaudación de impuestos, la eliminación de los beneficios tributarios de los que gozan millonarios con jet privados y empresas petroleras ha sido imposible.

Aunque tal vez no haya solución al creciente dominio de las percepciones, una dieta balanceada de información al menos permite equilibrarlo.

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