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Tres truenos

Cómo olvidar en 1991 mi primer encuentro con una candidata como Paola Turbay.

Por Jairo Dueñas
12 de noviembre de 2010

Sucedió en la sede blanca de CROMOS en el tradicional barrio capitalino Quinta Camacho, la noche de su sesión de fotos en el mítico estudio del sótano (¿qué habrá pasado con la pared del vestuario con la huella de los labios de muchas reinas que posaron para nuestras portadas?). La Señorita Bogotá se le había escapado al fotógrafo y deambulaba curioseando por toda la casa. No le importaba para nada ir en vestido de baño con una pequeña bata encima y, para completar, con su pelo repleto de pinzas. Vestida de blanco, encaramada en unos tacones con penthouse y con una sonrisa de oreja a oreja, a pesar del frío que hacía esa noche de lluvia bogotana, parecía una hermosa aparición. Es una postal imborrable por su presencia imponente, como un trueno, de una mujer con una energía y un voltaje fascinantes. Y ganó porque era ella.

El trueno se repitió muchos años después, 15 para ser exacto, y esta vez tenía puesta la banda por el departamento del Atlántico. Explotó entre las demás candidatas con la fuerza y la gracia de una noche de juegos pirotécnicos. La vi por primera vez cuando posaba sobre un viejo planchón oxidado en pleno mar Caribe. Mientras la mayoría de reinas no soportaba el mareo sobre esa pasarela movediza y pedía volver a tierra firme, había una que corría de un lado para otro, encantada con el vaivén de las olas. Esa era Valerie Domínguez.

Un año después, en el 2007, fui testigo del tercer trueno, obviamente en el Minicromos, pero en esta ocasión en las playas de Punta Iguana. Su protagonista, la Señorita Magdalena. Mientras las demás concursantes a Señorita Colombia aprovechaban un receso en la maratón fotográfica para tumbarse en las asoleadoras, sin perder la compostura ni la pose de reinas, Taliana Vargas prefirió dejar el glamur a un lado para jugar frisbee con mi hijo Daniel y conmigo. Pero cuando digo jugar frisbee, me refiero a que se lo tomó muy en serio: corría como loca, con la alegría de una niña con juguete nuevo, sin importarle las piedras en su camino ni dudar por un instante a la hora de lanzarse como en una piscina, pero en la arena, para atrapar el platillo de plástico. Y ganó porque era ella.

Taliana, Valerie y Paola, tres encuentros inolvidables. Tres estilos distintos de reinas, no de porcelana sino encantadoramente imperfectas. Tres truenos para tener en cuenta a la hora de elegir a la mujer más bella. Ahí va la cuenta de mi tormenta.

 

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