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Las reformas del estadio El Campín para la Copa Mundial Sub-20 parecen haber hecho del Nemesio un lugar más soportable.
La entrada y la salida presentan menos obstáculos, los baños —aunque reducidos— ya no son repulsivos y la eliminación de las rejas entre las tribunas y frente al campo permite pensar, por el momento, en una actitud respetuosa, humana y pacífica ante el deporte. Aún así, el diseño de las reformas, aparentemente inspirado en la apariencia de un buque de guerra, nos recuerda que ¿la Copa es una “guerra mundial pacífica”? ¿Que Bogotá no tiene mar pero tiene buque de guerra? ¿Que el estado de ánimo uribista no se ha ido? Pero lo que quiero decir con todo esto es que la lechona del nuevo Campín me causó indigestión. A mí y a todos los que fueron conmigo al partido Colombia-Francia y que también comieron lechona. He comido la lechona de El Campín durante trece años y nunca había sufrido ningún malestar estomacal. Terrible que arreglen el estadio y dañen la lechona.
Simón Ganitsky White. Bogotá.
De inauguraciones y finales
Según declaraciones del secretario de Gobierno de Bogotá, Yuri Chillán, hay 4.300 millones de pesos para la clausura del Mundial Sub-20 en Bogotá, a cargo del Teatro Nacional y el Festival Iberoamericano de Teatro. No podemos endilgar el fracaso total a la barranquillera Rossana Lignarolo, por la mediocre apertura en Barranquilla, porque es una labor en equipo. Desafortunadamente la pobreza del acto tiene que servir para no repetirlo. La producción del partido es una cosa y la del espectáculo artístico es otra. Independientemente de si Colombia gana el Mundial, el cierre tiene que ser brillante, pues el Teatro Nacional tiene experiencia en el Festival Iberoamericano, que siempre ha sido un éxito, como evento único e ícono, donde los teatreros del mundo muestran su arte cada dos años en Bogotá. Nuestros noveles jugadores ya están en octavos de final, pero no nos creamos el cuento, porque falta mucho recorrido. Colombia es un país multicultural y esperamos que muestren y recreen a todo un país, y no destaquen las mismas regiones, olvidando etnias y minorías como pasa siempre. Felicitaciones al onceno colombiano y al profesor Eduardo Lara por lo conseguido hasta ahora, con talento, disciplina y orden.
Helena Manrique R. Bogotá.
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