No más demoras, ni omisiones

Antieditorial
26 de agosto de 2019 – 12:00 a. m.

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Por Por Julio César Rendón C

En respuesta al editorial del 16 de agosto de 2019, titulado “No más demoras con el proceso de Álvaro Uribe en la Corte Suprema”.

El editorial del 16 de agosto aborda la tardanza en el llamado a indagatoria de Álvaro Uribe, por el caso de la manipulación de testigos, en la Corte Suprema de Justicia, uno de varios procesos que hay en la Corte en contra del senador, no presidente, valga aclarar. El editorial centra sus críticas en la Corte Suprema de Justicia, porque dicha tardanza, aparte de atentar “de manera injusta” contra la reputación del investigado, “aplasta la legitimidad de las instituciones” y contribuye a la polarización reinante.

Si bien es cierto que la tardanza en el llamado a indagatoria a Álvaro Uribe es alarmante y que la credibilidad de la CSJ está siendo ampliamente cuestionada, el editorial no dedica una sola línea a las maniobras dilatorias de los abogados del senador: recusaciones, acciones de nulidad, una acción de tutela; ni al show inicial del senador de renunciar a su curul “por impedimentos morales”. Adicionalmente a las maniobras mencionadas, durante el proceso entró en vigencia la doble instancia para los aforados, lo cual llevó a la creación de nuevas salas de instrucción y a un nuevo reparto del caso, con la suerte de que el caso llegara a manos de la magistrada Lombana, mayor del Ejército y previamente subordinada del expresidente, la cual fue recusada por el senador Iván Cepeda y finalmente separada de la investigación, asuntos también omitidos en el editorial. El detalle de por qué la fecha de la diligencia se tardó tanto aparece claramente descrito en la columna “Expresidente Uribe tiene fecha para su indagatoria en la Corte: 8 de octubre”, publicada en la versión digital de El Espectador del 16 de agosto, pero todos los hechos allí descritos eran de conocimiento público de tiempo atrás. ¿Acaso el editorialista no lee lo que se pública en su propio periódico?

Pero, además de la omisión de las movidas dilatorias de la defensa del senador, el editorialista carga contra el testigo estrella del caso, cuestionando su credibilidad y finalmente rebajándolo a la categoría de “bandidito de poca monta”. No voy a detenerme a opinar sobre si Monsalve es un gran hampón de cuello blanco o un bandidito de poca monta, porque no es el centro del debate; de lo que se trata la investigación en contra del senador Uribe Vélez es ¿qué hacen personas cercanas a él y que actúan en su nombre: un abogado de delincuentes, un exjefe paramilitar y otro senador de la República, tratando con un bandidito de poca monta? Esa es la pregunta.

No podemos dejar pasar por alto que una persona con buena reputación no anda enredada con bandiditos, convictos y abogados de dudosa reputación, y tampoco que nadie está por encima de las instituciones y que la falta de respeto con la que el senador se ha referido a los magistrados que lo investigan merece total repudio, asunto también omitido por el editorial.

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