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Definitivamente, como todo en Colombia, solicitar la visa americana se ha convertido en otro de los buenos negocios para los EE.UU.
Para cualquier colombiano que desee ingresar a este país, además de correr con el riesgo de dar con un cónsul que en la mayoría de los casos no es americano, tiene que tener disponible casi un cuarto de millón de pesos para pasaporte y para consignarles a los gringos otras sumas. No importa que quien la esté solicitando desee simplemente ir a los parques de la Florida. Después de tener que hacer filas interminables, tendrá que arriesgarse a que en la ventanilla asignada lo atienda un cónsul que, dependiendo del estado de ánimo en que se encuentre, decidirá si la persona es o no apta para visitar los Estados Unidos. En la mayoría de los casos, por no decir que en todos, piden la documentación en la que el futuro “turista” ha invertido tiempo y dinero. Después de formular las preguntas típicas que rayan en la ridiculez: ¿Piensa usted quedarse en los Estados Unidos? ¿A dónde va a llegar? ¿Es usted terrorista? Dependiendo de la química que haya tenido o el estado de ánimo del cónsul, él decidirá si es merecedor de esta visa. No importa que quien la solicite vaya invitado por una multinacional. O que tenga todas las facilidades para salir de Colombia a visitar a un familiar al que no ve hace muchos años, o que simplemente quisiera viajar en familia para conocer un país al que todavía muchos creen el mejor del planeta. Y si se tiene la suerte de obtener la visa, este colombiano correrá el riesgo de ser humillado y ultrajado al momento de entrar. De lo contrario, a estos funcionarios no les importará que aquella persona a la que han encontrado “no apta” para entrar a su tierra, haya perdido una suma que en este país le facilitaría pagar los servicios, invertir en mercado o estudio. Son miles de millones de pesos los que reciben los Estados Unidos de los colombianos en toda la tramitomanía para ser adquirida esta visa. Como también son miles los colombianos a los que en la embajada ni siquiera escuchan, antes de ser tratados como maleantes o no personas de bien. ¿Por qué en Colombia no se les puede obligar a cancelar y hacer tratados de la misma manera? ¿No sería más decente que al no ser otorgada la visa hicieran el reembolso del dinero que cobran? Definitivamente los colombianos ya deben olvidar ese cuento raro del sueño americano y descubrir los lugares mucho más llamativos y económicos que existen acá.
Quique Casasbuenas Iregui. Bogotá.
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