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Aparentemente soy un chico normal para mi edad, tengo brazos, piernas, nariz, ojos, dedos de manos y pies completos. Todo está en su sitio, pero me siento incompleto. Mi cuarto está repleto de una variedad de juguetes impresionante que papá trae después de cada viaje, pues su trabajo le exige viajar constantemente, en especial por esta época de compartir “en familia”. Tengo trenes, aviones, carros, robots, incluso juguetes inéditos, aun así me siento vacío.
Mi vecindario es algo curioso, pues en él sólo viven las personas que trabajan en la oficina de papá. Son muchas personas las que habitan aquí, todos tienen hijos, en su mayoría de mi edad. No sé por qué razón a ellos no les gusta jugar conmigo. Algunas veces he escuchado que tienen envidia de mi vida, aunque… ¿envidia de qué? Mi vida apesta, y mis padres…
Mira, mamá es una señora muy anciana ya, su rostro está lleno de arrugas. Según ella, marcan las ausencias de papá. En las noches le veo en el sillón con una copa de vino. “Cato los vinos de tu padre para cuando llegue darle del mejor”, dice ella. No obstante, sé que sólo ahoga su más profundo deseo, ser feliz. Por cierto, ella te manda a pedir una botella de whiskey, pues dice que el vino la hastió.
Ahora bien, papá, dice la gente, es también un señor muy aciano, aunque le sobran fuerzas para trabajar. Sé que es un buen hombre, aunque no le conozca muy bien; él siempre busca hacer feliz a los demás a cambio de nada, o bueno, de hecho sí es a cambio de algo, de la desdicha de su familia. ¿Tú crees que valdrá la pena la tristeza que sentimos para que los demás sean felices? En fin, Santa, no es necesario que respondas eso, sé que sólo debo pedirte algo.
Sabes, mamá me había prohibido escribirte, es por eso que hace años no lo hacía. Sin embargo, guardaba la esperanza de que las cosas mejorarán, por eso un día decidí escribirle al Niño Dios, pues la gente dice que en Navidad Él también concede deseos. Me dijo que solo tú me podrías ayudar. Es por ello que me decidí a pedirte un insignificante deseo para esta Navidad. Este año, querido Santa, quiero que hagas algo diferente. La verdad estoy cansado de los regalos que traes cada invierno, jamás juego con ellos. Este año tampoco quiero cenar solo con mamá como cada Navidad. Este año, Santa, sólo deseo que asumas tu papel de padre, que vuelvas a tu hogar y recuerdes que hay un Oliver Claus esperándote en casa.