Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El informe presentado por el director ejecutivo de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, impresiona por su crudeza frente a la realidad colombiana, una crudeza que no es exagerada y que debería ser tomada en serio por el Gobierno colombiano para asumir su auténtica responsabilidad de gobernabilidad sobre la amplia zona del Catatumbo y las demás zonas de alta vulnerabilidad, como Tumaco y casi todo el Pacífico colombiano, en esta época de posconflicto. No más discursos sobre el Sí o el No. Estamos hasta la coronilla de tanto escuchar lugares comunes de una vertiente y otra.
Ha pasado ya un año del gobierno Duque y, por ende, de un período que se suponía iba ser el del arranque de la aplicación de lo que se acordó en La Habana, con las correcciones que en el camino se vieren razonables. Pero ha pesado más la soberbia del primer mandatario y de su camarilla asesora que el verdadero sentido de colombianidad para convertir este país en un territorio de paz, desarrollo y prosperidad.
La radiografía descarnada que se hace en el informe de Human Rights Watch debería ser estudiada a conciencia por las cúpulas del Ejército y la Policía Nacional para no repetir deliberadamente las atrocidades cometidas en el pasado. Por el contrario, el rigor y el prestigio de estos importantes organismos del Estado deben basarse en el cumplimiento fiel de sus funciones, no en la acumulación de estadísticas que solo le sirven a un mezquino grupúsculo de militares para disfrutar de lo que les roban a las entidades. Y, ante todo, el alto Gobierno debería estudiarlo todos los días en vez de sacar comunicados para lavarse las manos. Al fin y al cabo, es el que toma decisiones todos los días sobre el presente y el futuro de los colombianos de bien, de los colombianos buenos, de los colombianos que trabajan honradamente.
Sin embargo, descaradamente lo ignoran y con ello permiten que el conflicto armado tenga continuidad con el Eln, Epl y demás disidentes de las antiguas Farc, para que se tomen las regiones con la misma violencia de épocas anteriores.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.