“Mobbing” de alto nivel

Rafael Orduz
20 de agosto de 2019 – 12:00 a. m.

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Hay jefes respetuosos, capaces de resolver líos de forma constructiva con los empleados de la organización donde se desempeñan, privada o pública. Hay, también, algunos de comportamiento psicopático que, pareciera, disfrutan empequeñeciendo incluso a aquellos que ocupan los llamados cargos de confianza. En estos casos, por lo mismo, por la supuesta cercanía a la autoridad, las víctimas no profieren queja.

El maltrato laboral, como el infantil, tiene muchas aristas, algunas más evidentes que otras. En realidad, en el mundo del trabajo no se habla tanto de maltrato como sí de acoso laboral, incluyendo el sexual.

Una de las variedades del acoso es de tipo sicológico y moral, al que también se le llama, de manera informal, “mobbing”. Una expresión acuñada por allá en los 80, referida en un comienzo a hostilidades en el campo escolar y después aclimatada a formas de acoso, más sutiles, en el laboral.

Las autoridades laborales reciben a diario quejas de todo tipo con base en normas que no desamparan a los trabajadores. La ley obliga a las empresas a contar con comités de convivencia laboral, a los que se puede acudir para ventilar quejas de distintos tipos de acoso que, eventualmente, pueden dirimirse en tal instancia.

Sin embargo, me llama poderosamente la atención cómo, en ciertos niveles jerárquicos, es prácticamente imposible que se ventilen formas, en los canales regulares disponibles, de acoso que, con los años, terminan deteriorando la confianza en sí mismos, la autoestima de algunos de los empleados aludidos.

Conozco tres casos, en niveles medios y altos, en tres entidades diferentes, acerca de personas que sufren a diario, incluyendo los días de descanso, de agresiones muy sutiles de parte de sus jefes, hombres o mujeres. No se quejan y, en cambio, se están enfermando y todos han terminado en el consultorio del siquiatra, medicados, mientras el calvario prosigue.

Mezcla de miedo, de temor por el sueldo, son la contrapartida de la cultura de quienes ejercen el “mobbing”: creen que tienen el derecho a aplicarlo, que las víctimas aguantarán todo. Así ocurre, a diario, en lugares y con personas que nadie imaginaría, relacionadas a partir del miedo.

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