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El ranking de los mayores bancos de América Latina, que en Colombia tiene de manera exclusiva El Espectador, es la evidencia de que la posición de las entidades financieras ha sido sólida durante la crisis… hasta ahora.
Cuando el mundo comenzó a hablar de la crisis financiera no faltaron los pesimistas que, acostumbrados a la historia latinoamericana, comenzaron a elaborar listas mentales sobre bancos de la región que desaparecerían. Porque si un Lehman Brothers o un Bear Stearns podían desaparecer de la noche a la mañana, era cuestión de tiempo antes de que los bancos latinoamericanos cayeran como moscas.
Pero no fue así. A septiembre de este año, la capitalización de mercado de los bancos peruanos subió 50,1%, mientras que la de los estadounidenses cayó en 2,3%. Y los ejemplos siguen, en cuanto a rentabilidad, el retorno promedio de los bancos de América Latina fue de 15,6% (se destaca Perú, con un retorno promedio de 27,7%), mientras el sistema bancario norteamericano en su conjunto sólo exhibe números rojos.
La fórmula ha sido la de la experiencia. Luego de sucesivas crisis que dejaban por el suelo a América Latina, la región fue configurando un sistema financiero precavido y responsable. Esta política hoy muestra sus réditos con una banca sólida y capitalizada para capear las olas de la recesión mundial. De acuerdo con la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban), en 1999 el 31% de los países de la región tenían entidades de supervisión financiera, mientras que actualmente el porcentaje es 88%.
Aunque todo esto parezca alentador, la crisis sí se sintió. Si bien no ha habido un desplome de la banca latinoamericana —con múltiples quiebras llenando las portadas de los diarios—, tampoco es que no haya pasado nada y finalmente todo lo positivo de esta historia se puede ir a la basura si la recuperación económica global se retrasa. No se puede olvidar que América Latina sigue siendo América Latina, lo que significa que por sí sola no saldrá de la recesión. En términos prácticos, conlleva que los actuales problemas de liquidez —en una larga espera— pueden transformarse en goteras que terminen afectando finalmente su solvencia, si el planeta no se apura a recuperarse.
Colombia y Perú, niñas bonitas
En el caso de los bancos colombianos, entraron a la crisis con una posición financiera más sólida gracias a las lecciones que dejaron la crisis de entre 1998 y 2001. De hecho, sus activos crecieron 3%, a US$91.760 millones.
Entre los 250 bancos más grandes de la región, 14 son colombianos, siendo los que ocuparon las posiciones más altas Bancolombia (21), Bogotá (30), Davivienda (34) y BBVA (37).
En el estudio también se hizo un sondeo sobre qué tanto percibe la gente de los diferentes países las reducciones en la tasa de interés. Los colombianos fueron los que menos las sintieron. También se consultó sobre el servicio, tema en el cual sólo el 21% de los colombianos respondieron que era bueno o excelente.
Con relación a los bancos peruanos, su comportamiento obedece a que Perú es uno de los países contados con los dedos de la mano que crecerán en 2009. Los nueve bancos peruanos entre los 250 mayores de América Latina aumentaron sus activos en US$3.800 millones. Según Jeanne del Casino, analista de Moody’s, el buen año bancario peruano se explica —en buena parte— por haber mantenido el crecimiento y con él la demanda de créditos con márgenes de utilidades interesantes (más bajos tal vez, pero positivos), y por otro, por la capacidad de control de los riesgos crediticios. “Aunque hay menor crecimiento de la cartera, se sigue aumentando gracias también a las bajas tasas de interés”, explica la analista.
Nace un gigante global
El movimiento más notable en el ranking de los 250 mayores bancos de América Latina está en el tope de la tabla. El banco brasileño Itaú ocupó el primer lugar, cuando un año atrás estaba en la tercera posición, en donde escaló gracias a la compra de Unibanco (5º lugar en la edición pasada). Con ello, dejó atrás al estatal Banco do Brasil y a Bradesco.
Según José Noguera, profesor de la University of New Hampshire (EE.UU.), el paso dado por Itaú responde a la lógica de generar economías de escala, pues “la fusión abarata mucho los costos, porque se amplía la cantidad de productos, resultando cada sucursal en un supermercado que mejora la comercialización de productos”, que bien podría marcar una tendencia a futuro en la banca latinoamericana: fusiones para la creación de actores cada vez más grandes.