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La candidata oficialista a la Presidencia de Brasil, Dilma Rousseff, ha recuperado el favoritismo de los electores frente a su adversario socialdemócrata José Serra, en una polémica campaña inmersa en denuncias de corrupción y disputas religiosas.
Tras el éxodo de votos en la primera vuelta electoral, la estrategia oficialista de intensificar la campaña y captar el máximo de apoyos rindió resultados y Rousseff amplió su ventaja a 11 puntos, con 51% de la intención de voto (tenía 49% hace una semana) contra 40% de Serra (tenía 43%), según la encuesta del Instituto Ibope divulgada este jueves por el diario O Estado.
Religión y corrupción volvieron al centro del debate de la agresiva y disputada campaña brasileña que, según los especialistas, todavía no tiene definido al vencedor el 31 de octubre.
En el país con más católicos del mundo, el presidente de la Conferencia de Obispos (CNBB), Geraldo Lyrio Rocha, defendió el jueves el papel central que la Iglesia ha ganado en estas elecciones, oponiéndose al aborto, y dijo que los obispos tienen "el derecho y hasta el deber de orientar a los fieles de su diócesis" en el voto.
En las encuestas, Rousseff mantiene el apoyo de poco más de la mitad del electorado católico.
Más preocupante para la candidata del presidente Luiz Inacio Lula da Silva es la pérdida de electores entre los evangélicos, ya que varias de las iglesias pentecostales, que ganan cada vez más adeptos, proclamaron su veto a Rousseff porque en una entrevista en 2007 defendió despenalizar el aborto.
El pastor evangélico Alcides Cantoia declaró el jueves al diario Folha que la campaña de José Serra está ofreciendo beneficios a las Iglesias Evangélicas a cambio de apoyo electoral. "Hago entre 150 y 200 llamadas telefónicas por día" a pastores evangélicos para buscar su voto, declaró Cantoia.
Rousseff intentó frenar el éxodo religioso de su campaña hace una semana divulgando una carta en la que se comprometía a no despenalizar el aborto ni fomentar medidas polémicas para las iglesias.
El tema religioso y las acusaciones de corrupción hacen mella desde una efectiva campaña sucia paralela a la oficial, que principalmente circula en internet a través de correos electrónicos anónimos o privados, y por millones de agresivos panfletos que se reparten entre la gente y en las iglesias.
La violencia de la campaña llegó a las calles el miércoles, cuando durante una caminata por Rio el candidato Serra denunció haber sido golpeado en la cabeza por un objeto arrojado por un simpatizante del oficialismo. Y este jueves, fueron lanzados globos con agua desde un edificio cuando Rousseff circulaba en un auto abierto, aunque ella no fue alcanzada.
Serra culpó el jueves al presidente Lula por la agresividad en la campaña. "Infelizmente, la actitud del presidente, entregándose en cuerpo y alma al proceso electoral -promoviendo a su candidata- en vez de gobernar al país, incitando a destruir a los adversarios (…) solo contribuye a ese clima de violencia", dijo el candidato citado por la prensa local.
Lula afirmó el jueves que pensó en llamar y solidarizarse con Serra y hacer una declaración contra la violencia pero se dio cuenta de que el candidato no había sido alcanzado por un objeto. "Debe ser el director de producción suyo que lo orientó a crear una exageración", dijo Lula.
Casi 136 millones de electores definirán el 31 de octubre al sucesor del popular presidente Lula, entre Serra, ex gobernador del industrial estado de Sao Paulo de 68 años, y Rousseff, ex ministra jefe del gobierno, de 62.