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El relajo de la prensa

Hace unas mañanas, el acusado de algún delito le gritaba furioso al aire a un periodista radial: “no sea catón”, dicho como un insulto.

Juan Carlos Gómez
20 de septiembre de 2009 – 04:57 p. m.

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Sería el mundo ideal para tanto personaje público corrupto e inepto. Que la prensa no denunciara ni indagara. Que la prensa no se inmiscuyera por las rendijas de la realidad de un país donde la precaria fuerza del Estado genera la impunidad que pretende suplir la prensa. Al menos la “condena moral”, ya que instituciones como la Procuraduría y la Fiscalía se ven desbordadas frente al insoportable nivel de delincuencia.

Desde el Watergate, pasando por las unidades investigativas que Alberto Donadío y Daniel Samper popularizaron en Colombia y las denuncias de este diario contra el imperio de Jaime Michelsen en los años 80, existen muchos ejemplos de rigor y abnegación periodística gracias a los cuales se descubren delitos y se castiga a los culpables.

Sin embargo, el loable propósito de servicio a la comunidad que tiene el periodismo de denuncia entraña el riesgo de que algunos periodistas por iluminación o ligereza se lleven por delante la honra, el bienestar y el patrimonio de los implicados. Como lo anotaba acertadamente mi profesor Gaitán Mahecha: “Hay una inconsciente y grave tendencia en la sociedad colombiana a presumir la culpabilidad”. Esa tendencia, que en general se observa a nivel mundial, se expresa de manera amplificada en los medios de comunicación, de tal forma que en muchas ocasiones se invierte la carga de la prueba y se acaba la presunción de inocencia.

Lo ideal sería que los periodistas que se dan a la valiente tarea de denunciar y deshacer entuertos, se tomaran el espacio para recordar que en el contexto de la opinión pública quien juzga es el lector, el oyente, el televidente.

El personaje de una novela se lamentaba de que en las mañanas se tuviera que levantar, no con las noticias de las cosas que pasaron, sino con las cosas que el locutor de la radio quiere que pasen. Como se decía en la introducción de un famoso programa de la televisión colombiana hace muchos años, que utilizaba como música de fondo la Fanfarria para un Hombre Común, compuesta por Aaaron Copland: el juez es usted.

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