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El dueño del balón

La firma Escobar & Martínez pasó de fabricar la pelota de letras a diseñar los balones con los que se juega fútbol profesional. Sesenta y cinco años de historia respaldan su trabajo.

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Aunque mucha gente no lo sabe, la firma Escobar & Martínez ha contribuido a la felicidad de varias generaciones de colombianos.

Este conglomerado económico, con varias empresas que trabajan el caucho, fabricó las famosas pelotas de letras que fueron furor en las décadas de los años 70 y 80. Ahora diseña balones profesionales con los más altos estándares de calidad, al punto de que sus productos se exportan a varios lugares del mundo.

“Diría que más que innovadores hemos sido pioneros, pues tratamos de desarrollar y colombianizar ideas de otros. Hemos sido innovadores en nuestros diseños, más que en la tecnología, aunque ahora estamos esperando la patente de una forma de construir balones, que es la tecnología CMI”, explica el ingeniero Eduardo Martínez, hijo de uno de los fundadores de la compañía, que funciona desde 1950, y es responsable de su internacionalización.

“La pelota de letras marcó una época. Fue un juguete con el que crecieron los colombianos, especialmente en regiones como Antioquia y el Eje Cafetero. Con ella jugaban los niños en la calle, en los recreos del colegio o en los paseos de olla, que eran muy tradicionales”, recuerda Martínez con nostalgia.

Sin embargo, fue él quien lideró el tránsito de la pelota de caucho a los balones profesionales. “Era un paso casi obligado. Hay muchas fábricas de balones, pero nuestra filosofía es la de hacer productos de gran calidad, así que teníamos que incursionar en la alta gama para ser verdaderamente diferentes”.

El proceso no fue sencillo. “No sabíamos cómo hacer balones, así que tuvimos que aprender, conseguir las máquinas e iniciar el desarrollo del producto. Lanzamos nuestra propia marca, Golty, un nombre sonoro, que no se relacionaba con ninguno de los ya existentes en el mercado”.

Y aunque la empresa fabrica piezas para construcción y productos de consumo, el más importante de ellos la línea de pegantes Boxer, buena parte de su prestigio se lo debe al éxito de sus balones. Tenemos cerca de 250 colaboradores, de ellos unos 100 dedicados a la parte de implementos deportivos”, cuenta el ingeniero Martínez, para quien los resultados de su compañía son el resultado del “tesón, el trabajo, la imaginación y un poco de suerte”, aunque como norma de vida dice: “creo en la suerte, porque entre más trabajo, más suerte tengo”.

Otra de las claves de su progreso es “habernos rodeado de gente muy buena, leal, talentosa y de confianza”. Muchos de sus empleados llevan varias décadas en la empresa y la reconocen como propia, se sienten en su casa.

Ingeniero químico de la Universidad de América, especialista en elastómeros, Martínez considera que todavía hay mucho por hacer. Y en su política de diversificación planea lanzar una marca de calzado y ropa casual, lógicamente fabricada con fibras sintéticas. “Ya ni siquiera la pelota de letras es de caucho. Ahora se hace de plástico PVC y producimos unas 100.000 al año”.

Aunque Golty también fabrica balones de fútbol, baloncesto y voleibol, la referencia que más vende es la de microfútbol, de la que ha sido la pelota oficial en varios campeonatos del mundo.

La marca ha incursionado fuertemente en mercados como Venezuela, Costa Rica, Ecuador, Perú y Bolivia, aunque también exporta a Estados Unidos y Europa.

El balón oficial del fútbol

La alianza entre Golty y la División Mayor del Fútbol Colombiano comenzó en 1991, cuando Escobar & Martínez se convirtió en patrocinador de los torneos del balompié profesional. Durante once años el balón oficial fue el Tradicional.

“Cada uno tiene su historia. En 2002 sacamos el Magnum, que fue toda una novedad, porque nos arriesgamos y por primera vez cambiamos el color”, dice Martínez sobre una pelota que era gris plateado.

Después se presentaron el Magnum NX y El Dorado, un balón amarillo que fue un homenaje a la tradición indígena. Apareció más tarde el Tuchín, que recuerda al departamento de Córdoba, cuna de los sombreros vueltiaos. Luego el Fusión, que integraba 36 colores en su diseño. Y a finales del año pasado se lanzó el Invictus.

“Cambiamos de balón cada dos años, sobre todo por razones comerciales. Aunque en los nuevos siempre se introducen los más recientes avances tecnológicos, que tienen que ver con peso, rebote, absorción del agua, trayectoria, aerodinámica y otra serie de condiciones que exige la Federación Internacional de Fútbol Asociado (Fifa), que les ha dado el aval a nuestros balones desde 1999”, asegura el ingeniero Martínez.

También está el Macondo, el modelo con el que se juegan todos los partidos oficiales de las selecciones colombianas cuando son locales.

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“Calidad que Une” es el eslogan de una compañía colombiana de verdadera talla mundial. Golty, así como nuestros deportistas, está en la gran élite y se codea con las mejores marcas de implementos deportivos del planeta. 

 

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