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Proceso de paz: tres años después

El proceso de paz entre el gobierno Santos y las Farc atraviesa momentos definitivos.

19 de noviembre de 2015 – 12:20 p. m.
El presidente Juan Manuel Santos y el comandante de las Farc, alias “Timochenko”, acompañados por el presidente Raúl Castro. / EFE
El presidente Juan Manuel Santos y el comandante de las Farc, alias “Timochenko”, acompañados por el presidente Raúl Castro. / EFE

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El 19 de noviembre de 2012, sin ceremonias protocolarias ni actos de instalación, las delegaciones del Gobierno y las Farc iniciaron formalmente en La Habana las conversaciones con miras a ponerle fin al conflicto armado. Tres años después, con avances en tres de los puntos de la agenda (desarrollo rural, participación en política y cultivos ilícitos y narcotráfico), aunque todavía hay asuntos pendientes, el proceso de paz atraviesa por estos días momentos cruciales, no solo por la discusión en la mesa de la manera como se va a aplicar justicia sino por las diferencias entre las partes con lo que tiene que ver con la refrendación de los eventuales acuerdos, la posibilidad de un cese bilateral y la fecha fatal del 23 de marzo como límite para la firma definitiva.

Sin duda, los diálogos se han tomado más del tiempo que el mismo Gobierno y los mismos colombianos esperaban. “Ya es hora de terminar. Nos encontramos en la recta final, aunque tampoco podemos negar que estamos ante los temas más complejos y no los vamos a acordar de cualquier manera. No se trata simplemente de llegar a un acuerdo. Se trata de llegar a un buen acuerdo, el mejor acuerdo para los colombianos”, aseguró hoy Humberto de la Calle, jefe negociador del Ejecutivo. Esta situación ha hecho que el escepticismo de la gente crezca y por eso en las encuestas, aunque se respalda mayoritariamente la salida negociada al conflicto, persisten las dudas sobre si llegará a un final feliz.

Más aún cuando las Farc en sus constantes pronunciamientos insisten en que la refrendación debe hacerse mediante una asamblea nacional constituyente, rechazando la opción de un plebiscito, iniciativa que cursa actualmente en el Congreso y que califican como “unilateral”. Y como se sabe, aunque el pasado 23 de septiembre, el presidente Santos y el jefe de las Farc, alias “Timochenko”, protagonizaron un histórico apretón de manos al anunciar un acuerdo sobre justicia. Pero aunque la guerrilla dijo que ya estaba cerrado, De la Calle señaló que aún hay puntos por desarrollar, como por ejemplo, lo que tiene que ver con la restricción de la libertad y la concentración de tropas de la subversión.

El jefe de Estado ha dicho que se está en la recta final. Incluso se está buscando ya el apoyo de las Naciones Unidas para que ese organismo emita un mandato para monitorear y verificar un posible cese bilateral del fuego definitivo entre el Gobierno y guerrilla. Van 43 rondas de conversaciones y la realidad muestra que se está más cerca que nunca de lograr un acuerdo de paz. Mucho se habla también del posconflicto, que implicará el reto más grande, pues además de garantías de seguridad a las Farc, se requieren cambios políticos y sociales profundos para acabar con las que han sido las causas históricas de la violencia en Colombia. Y sobre todo, que se cumpla aquella frase de que las víctimas son el eje de las negociaciones, brindándoles verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición.

¿Qué falta? Cerrar precisamente el tema de víctimas, que incluye lo de la justicia, y abordar el fin del conflicto, que incluye el cese del fuego y de hostilidades bilateral y definitivo, la dejación de armas y la reincorporación de la guerrilla a la vida civil, y por último la implementación, verificación y refrendación de lo acordado. A estas alturas, aunque la oposición –sobre todo uribista—arrecia en sus críticas, se puede hablar de un punto de no retorno. Sin embargo, aunque el lenguaje ha cambiado, los riesgos siguen latentes. Incluso, cabe la posibilidad de que los colombianos le digan no a lo acordado, si es que el plebiscito termina siendo el mecanismo de refrendación. Que la paz está cerca, como dice Santos, no hay duda, pero quedan escollos por superar y le corresponde al estado y a las mismas Farc estar a la altura de las circunstancias.

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