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Más allá del hecho cierto de que la llegada del hombre a la Luna la vieron 600 millones de personas, mientras el rescate de los mineros lo vieron 1.200 millones, lo que bien habla de la tremenda era de las comunicaciones en que nos encontramos, hay en este cuento un enigma que hay que desentrañar. Y tiene que ver con Roberto Benítez Fernández, de 26 años, minero muerto en Chile hace 48 horas, cuando una roca de una tonelada le cayó encima a mil metros de profundidad, en el interior del yacimiento Botón de Oro en Petorca, región de Valparaíso. Y tiene que ver con otro accidente similar, ocurrido la semana pasada, cuando murió otro trabajador en el yacimiento La Carlota, en La Ligua, al norte de Santiago, en un sitio que no tenía autorización legal para estar abierto.
Porque, como si el azar se hubiera empeñado en teñir de misterio estos hechos, en lo que va del año, en Chile han fallecido 33 trabajadores de la minería en diversos accidentes, según informó el viernes el vespertino La Segunda. Es como si los 33 renacidos en la mina San José hubieran necesitado del precio de las 33 víctimas fatales anteriores.
Cuando han pasado la ansiedad y la euforia de los 70 días del que ha sido considerado uno de los rescates más extraordinarios de la historia, ha llegado la hora de mirar bajo la superficie de lo anecdótico, de lo sensacional que continuará desencadenando noticias colaterales, para observar las causas de fondo; aquel vuelo de una mariposa en las antípodas que provoca un desastre en Nueva York, según la teoría del caos. O en aquel principio de Pareto, según el cual alrededor del 80% de un problema cualquiera puede ser explicado por alrededor del 20% de las causas.
No es por obra y gracia del azar, de Dios o del demonio, que ocurren las tragedias en las minas. Las causas están más próximas a la economía. En el caso de la mina San José de Copiapó y el accidente que el pasado 5 de agosto sepultó con vida a los 33 mineros en galerías localizadas a 700 metros de profundidad, ese 20% de las causas tiene que ver con los vacíos que tiene la legislación chilena, vacíos de los que son responsables en las últimas décadas tanto la dictadura de Pinochet, como los gobiernos de la Concertación por la Democracia, de centro izquierda, y el actual de Sebastián Piñera, de centro derecha.
Durante la operación de rescate de los mineros, El Espectador se encontró con la senadora socialista por la región de Atacama Isabel Allende (hija del presidente Salvador Allende, asesinado en el golpe militar del 11 septiembre de 1973) y le preguntó sobre estas causas de fondo, las más importantes, aquellas que de permanecer podrían desatar una nueva tragedia, y sin el final feliz de la recién vivida epopeya: “Se trataba de una mediana empresa minera y no se cumplieron las normas de seguridad —dijo tajantemente la senadora—, por lo tanto hago un llamado a los empresarios y les vuelvo a decir que no puede ser que la necesidad del lucro los lleve a establecer faenas donde no se respetan las normas de seguridad. Y todo mi apoyo para la pequeña minería. No queremos que desaparezca, queremos que trabaje con dignidad y seguridad”.
El Convenio 176 de la OIT
Sin embargo, independientemente de la revisión que se haga de la legislación chilena, hay una situación de fondo más grave aún: Chile no ha ratificado el Convenio 176 de la Organización Internacional del Trabajo sobre salud y seguridad en las minas, suscrito hace 15 años.
Un primer paso en dirección a la ratificación, lo dio la Cámara de Diputados (Representantes) que, con 52 votos a favor y 24 abstenciones, aprobó un proyecto de acuerdo presentado por diputados comunistas que solicita al Presidente de la República el envío al Parlamento del Convenio 176 de la Organización Internacional del Trabajo sobre Seguridad y Salud en las Minas, para su ratificación por Chile dada la importancia que éste tiene.
Uno de los impulsores del proyecto de acuerdo, el diputado comunista Lautaro Carmona, precisó que el Convenio 176 de la OIT fue aprobado en Ginebra el 22 de junio de 1995 y suscrito por los representantes del Estado de Chile y las organizaciones representativas de los empresarios y los trabajadores de nuestro país. A la fecha ha sido ratificado por 24 países, entre ellos Brasil y Perú por América Latina.
“Siendo Chile uno de los principales países mineros —dijo el diputado comunista—, resulta inconcebible que hasta el día de hoy no haya ratificado este convenio, que aborda normas mínimas en materia de seguridad y salud minera, como las responsabilidades de los empleadores y los derechos y obligaciones de los trabajadores y sus representantes”. Y enfatizó que el derrumbe ocurrido en la mina San José, dejando 33 mineros atrapados en su interior, puso en evidencia las carencias que existen en Chile en materia de seguridad y salud minera, producto de una normativa insuficiente, y por ello se hacía imprescindible ratificar este convenio internacional. Como Chile es un país presidencialista, es el Presidente de la República quien debe enviar los proyectos de ley al Congreso.
La mirada del historiador
Sobre el tema de la mina San José y el fondo de la realidad minera en Chile habló el historiador Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia, en una entrevista de la revista Qué Pasa. “En Chile, la minería la desarrollaron los pobres: los buscones, pirquineros. Chile se convirtió en una potencia minera sobre la base de una tecnología pirquinera que era baratísima. La fase extractiva de la minería estuvo en manos de los pobres; el tratamiento lo hacían los capitalistas, como Edwards y todos esos campeones, que tenían fundiciones; y el transporte lo hacían los ingleses. Y los grandes explotados fueron los pirquineros… ¡los reventaron!
Ellos asumían el costo del aumento del transporte y de las ganancias de los intermediarios. Esta explotación hacia abajo llevó a que se redujera la seguridad en las minas: pasó en el carbón y también en el cobre y el oro. ¿Esto que pasa hoy en la mina San José? ¡Historia del siglo XIX!”.
La vuelta al mundo
El ministro del Interior chileno, Rodrigo Hinzpeter, aseguró que la cápsula “Fénix 2” , usada para el rescate de los 33 mineros, dará la vuelta al mundo en una muestra itinerante. “Entre las cosas que nos han pedido es que podamos hacer una exposición con la cápsula, con un vídeo, pero también con las cosas humanas”. indicó.
Regalos hasta para el can
La organización estadounidense de protección de los animales (PETA) le envió una cesta de regalos a la perra del minero Mario Sepúlveda en reconocimiento a su preocupación por el animal. Además del presente, PETA se ofreció a costear los gastos de la esterilización de la mascota.
Producción colombiana
La aventura de los mineros ha inspirado todo tipo de propuestas: un reality show llamado ‘Coal’ (carbón), un video juego, documentales, libros y novelas. La cadena española Antena 3 Films y la colombiana Dynamo Factory comenzaron el rodaje de la película para televisión “Los 33 de San José” hace ya más de diez días en Chile, sin saber cuál iba a ser el desenlace.
La novela de Yonni Bravo
Este minero, famoso por su papel de enfermero en la mina y sus líos de faldas, se ganó el apodo de “doctor casanova” cuando su esposa, Marta Salinas, hizo saber al mundo que tenía una amante.
La disputa la saldó Yonni cuando le pidió desde el fondo de la mina a Susana Valenzuela, su novia, esperarlo. “Sussy”, que vive a dos cuadras de Marta, recibió al minero con un asado y mucho alboroto.
“Este minero es mío, ¡OJO!”, decía uno de los letreros que “Sussy” (foto) colgó en el barrio. Ante la algarabía de su rival, Marta sólo aseguró: “No tengo nada que salvar de 25 años de matrimonio”.