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Recuerdo cuando por el famoso caso de la empanada el senador Germán Varón dijo que la plata de la capacitación de la Policía se había perdido. Quiso decir el senador que a pesar de los esfuerzos económicos para pagarles a instructores varios millones de pesos, los policías al parecer no habían asimilado las enseñanzas impartidas y cometían tamaños yerros que desdicen mucho no solo de la institución policial, sino de toda la institucionalidad. Pero bueno, muchos policías no son sino bachilleres mal preparados, con deficiencias para aplicar un Código que pretende prevenir y castigar comportamientos ciudadanos.
Hoy no solo el senador, sino muchos colombianos estamos diciendo que la plata para capacitar a los fiscales y para pagarles el sueldo y las prestaciones también se pierde, porque no solo en el caso del “Bizco”, sino en muchísimos casos, los fiscales y jueces deciden dejar en libertad a peligrosos delincuentes que a pesar del esfuerzo de la Policía para capturarlos no son judicializados con excusas como que no hubo violencia, el delincuente no agredió a la persona, no hubo daño a los bienes, el hurto es de menor cuantía, las cárceles están congestionadas, en fin, toda suerte de pretextos para tratar de ocultar su ineptitud, su poco interés por la suerte de los ciudadanos y en muchos casos hasta su complicidad con los delincuentes.
Y qué decir de los jueces, de los jueces tanto de garantía como de conocimiento. Los de garantía toman el atajo, el camino más fácil y envían a peligrosos delincuentes a sus residencias en “detención domiciliaria” y desde allí o en la calle siguen cometiendo toda suerte de delitos, homicidios, hurtos, secuestros, extorsiones, violaciones, etc., y nada pasa, porque parece que la autonomía de los jueces se ha convertido en un derecho a hacer lo que les venga en gana. Y los jueces de conocimiento dejan vencer los términos para celebrar audiencias de juzgamiento y la consecuencia solo favorece al criminal que en seguida sale a la calle a continuar cometiendo delitos, mientras que la administración de justicia se desprestigia y la sociedad queda desamparada y nada pasa. Para los jueces no hay consecuencias, más bien premios y aumentos de sueldo cada vez que hacen paros. Así no solo hemos perdido la plata, sino la fe y la esperanza. Y NADA PASA.
Maximiliano Iglesias Márquez. Santa Marta.
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