
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Fue el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, quien a mediados de octubre ratificó la realización en su país de seis reuniones entre delegados del gobierno del presidente Juan Manuel Santos y del Ejército de Liberación Nacional (Eln), con miras a iniciar un proceso de paz. Se confirmaban así los avances en los diálogos exploratorios que desde 2012 se vienen llevando a cabo con esa guerrilla y la posibilidad de la pronta instalación de una mesa formal de negociación. Avances que hoy son incertidumbre tras el ataque del Eln a una comisión de la Registraduría en zona rural del municipio de Güicán (Boyacá), con saldo de 12 miembros de la Fuerza Pública muertos y dos secuestrados.
Si bien la premisa del jefe de Estado frente a los grupos insurgentes ha sido la de dialogar en medio del conflicto –y así sucede con las Farc–, sin duda este hecho es un golpe a la confianza de los acercamientos y les da argumentos a sus críticos. Para el procurador Alejandro Ordóñez, el ataque fue un “acto de barbarie” que “deslegitima” un eventual proceso con el Eln. Además, este tipo de acciones no pueden tener ningún beneficio jurídico en el futuro. “Que para los delitos atroces la pena sea un trabajo social o recibir una pena restaurativa, eso envía un mensaje de impunidad y motiva a los que siguen en armas para continuarlos”, dijo.
Desde el Centro Democrático, el expresidente y hoy senador Álvaro Uribe habló de una mutación de uniforme de las Farc al Eln para asesinar a los soldados, mientras que el representante a la Cámara Fernando Sierra señaló que en el gobierno Uribe el Eln estaba en su mínima expresión y ahora con Santos ha recobrado su capacidad criminal. A su vez, el defensor del Pueblo, Jorge Armando Otálora, enfatizó que toda acción terrorista le resta credibilidad a cualquier anuncio que haya hecho esa guerrilla sobre su voluntad para iniciar diálogos formales de paz.
El Gobierno ya anunció la intensificación de operaciones militares contra el Eln y le advirtió que si el objetivo es mostrar fortaleza de cara a una eventual negociación, se está equivocando. El Espectador conoció que ayer se retomaron los diálogos exploratorios, que se sigue avanzando y que la instalación de una mesa formal está más cerca. Desde el Eln reiteraron que la premisa es “combatir como si no hubiera negociación y negociar como si no hubiera guerra”.
En el alto gobierno hay quienes creen que este tipo de hechos, dolorosos para la sociedad, son los que generalmente conducen a que se den gestos de desescalamiento del conflicto, tal y como sucedió tras el ataque de las Farc en Buenos Aires (Cauca), en abril, donde murieron 11 uniformados, que generó tensión pero al final terminó dándoles impulso a las conversaciones en Cuba y a la necesidad de humanizar el conflicto. Eso sí, el fiscal Eduardo Montealegre advirtió que pueden existir “crímenes de guerra” en el ataque en Boyacá, aunque consideró que en caso de un proceso con el Eln, este tendría que entrar en el modelo de justicia transicional planteado para las Farc.
Ahora, es posible que el ataque en Boyacá tenga efectos en la mesa de diálogos de La Habana, donde uno de los temas claves es el cese bilateral del fuego y de hostilidades. Para el analista León Valencia, es muy difícil llegar a ello si se sigue en guerra con el Eln, por lo que pidió que el primer punto a discutir sea el de la tregua, en caso de formalizarse una negociación con la segunda guerrilla del país, de tal manera que empate con el proceso de Cuba. Por ahora, la tarea primordial de las delegaciones de Gobierno y Eln será reconstruir confianza.