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Contrastes
Contraste de emociones al ver los triunfos de nuestros deportistas y a la vez el comportamiento de los parlamentarios en el Congreso de la República. Mientras los primeros se esfuerzan en mejorar para lograr los objetivos y alcanzar la meta, los otros buscan solamente posicionarse para adquirir poder, presionar con su voto y así obtener beneficios personales y de sus allegados. Cada triunfo en la actividad física es ofrecido y agradecido al creador y a nuestra patria, mientras los otros se abrazan y celebran el hundimiento de un proyecto o lo bien que salió la “jugadita”. Humildad y dedicación es el mensaje que cotidianamente transmiten los profesionales del deporte, proporcionando unión y alegría al pueblo colombiano. En cambio, hay melancolía al ver la actuación de congresistas que solo buscan dividir para seguir reinando en las mieles del poder. Viva y pobre a la vez nuestro querido país llamado Colombia.
Francisco Javier Cajiao Gaitán
Soñar no cuesta nada
A punto de entrar Colombia en las próximas elecciones, para elegir alcaldes, gobernadores, asambleas departamentales, concejos municipales y juntas administradoras locales, estamos advirtiendo todo tipo de amenazas y acciones violentas en contra de los adversarios políticos y sociales, pues cuando se viene utilizando, desde hace mucho tiempo, la violencia como herramienta normal de trabajo solo se puede esperar zozobra en las sociedades que así proceden.
Por eso los recientes sucesos de desmovilizaciones masivas de grupos violentos no han servido de mucho para generar la calma que se requiere para poder desarrollar en tranquilidad un proceso electoral; por el contrario, la violencia está tan arraigada en nuestra sociedad, que todos los días se producen acciones de violencia por todo el territorio nacional, como una costumbre natural y como una secuela de estar utilizándola corrientemente en contra de los adversarios, creando unos terribles escenarios, donde no se pueden expresar ideas ni convocar oyentes, pues todos estamos en riesgo de ser el foco de movimientos, grupos, partidos e individuos violentos, los cuales están muy convencidos de que así es como se recogen réditos políticos y económicos en un país que ha sido fértil para ello.
Desear que esta situación no siga ocurriendo no es suficiente para erradicar la violencia generalizada, en donde las guerrillas y demás grupos violentos son directos responsables de haberla institucionalizado en la sociedad, el país y un Estado incapaz de imponer otro tipo de costumbres, pues las mismas autoridades están muy acostumbradas a la subordinación y a la inoperancia contra ella.
Ante este tremendo y terrible panorama, solo existe un camino, pero el cual es casi imposible de imponer cuando la clase dirigente hace parte de esas estructuras violentas y en donde le correspondería a la propia sociedad imponerse, con una unidad de criterios y objetivos, haciendo uso de una buena y masiva educación, lo cual es más que crucial. Entonces siendo así el asunto, estamos, en Colombia, enfrentados ante una cruda y cruenta realidad, que será muy difícil de modificar si no existe una voluntad más grande que la realidad, de la clase dirigente, política, económica y de la sociedad en sí para poder cambiar esta perversa metodología.
Solo quedaría esperar, como el sueño de un simple iluso, que los medios de comunicación, también hastiados por los altos grados de violencia generalizada, realicen una campaña en pro de intentar visibilizar estas desesperantes circunstancias, y además visibilizar a los personajes y movimientos políticos que pueden implicar ese cambio, tratando de abrirles los ojos a las distintas sociedades y regiones colombianas para que decidan mejor en estas próximas elecciones.
Octavio Cruz González
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