La única ley que no violan…

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Hace 30 años, en las Naciones Unidas, refiriéndose al narcotráfico, el expresidente Virgilio Barco manifestó: “Colombia está al frente de esta batalla. Para nosotros, ésta no es una guerra de palabras. Muchos colombianos han muerto por su firme compromiso en contra del narcotráfico… Dentro de esa larga lista se encuentran 12 magistrados de la Corte Suprema, un procurador general de la Nación, un ministro de Justicia y varios candidatos presidenciales. Prominentes miembros del Congreso, jueces, alcaldes, periodistas, miles de soldados, policías y ciudadanos colombianos han sido sacrificados por la causa de la democracia… Los narcotraficantes, con el propósito de proteger sus actividades ilegales, pretenden destruir la voluntad del pueblo y debilitar nuestras más preciadas instituciones. Escúchenme bien, ellos van a fracasar y Colombia, una de las democracias más antiguas y estables de América Latina, saldrá fortalecida de esta nueva prueba… Estoy seguro de que en Colombia vamos a derrotar a los narcotraficantes… La única ley que los narcotraficantes no violan es la ley de la oferta y la demanda”.

En Colombia, de 1989 al 2010 mucha sangre corrió por cuenta del narcotráfico, pero los gobiernos que sucedieron a Barco, en mayor o menor grado, continuaron reduciendo el área sembrada en coca y domeñando a los narcotraficantes. Pero llegó Santos, y con la finalidad de no entorpecer las conversaciones de paz con las Farc (ciertamente el principal, aunque no el único, cartel de narcotráfico del país), permitió florecer las siembras a niveles sustancialmente superiores a los que había en la década de los 80. Volver a reducir el área sembrada nos va a seguir costando demasiadas vidas y casi infinitos recursos. Aquellos que respaldan ciegamente la anterior administración no calculan ni valoran el precio que a los colombianos nos va a costar volver a acorralar el narcotráfico.

Hace unas semanas el periodista de The New York Times Kirk Semple trajo a colación un interesante ejemplo sobre la heroína y la estrepitosa caída del 90 % en su precio en EE. UU., y la razón es que a los carteles mexicanos les ha tocado acomodarse a la dura realidad de la ley de la oferta y la demanda. A los campesinos de San Miguel Amoltepec Viejo, en el estado de Guerrero, no les ha quedado alternativa diferente a abandonar los cultivos de amapola. En el 2017 los carteles de la droga mexicana les compraban a los campesinos la resina de la amapola en 590 dólares por libra; hoy en día, con dificultad les pagan 50 dólares la libra. Las razones del desplome son básicamente dos: la primera es que, al haber aumentado el área sembrada en un 50 % en los últimos dos años, la sobreoferta hizo que se desplomaran los precios. La segunda razón de la baja demanda de heroína es el uso cada vez más extendido del fentanilo como reemplazo, un opioide sintético de alta peligrosidad, dado que a los consumidores les produce depresión del centro respiratorio, siendo esta la causa más frecuente de su muerte.

Esperar un derrumbe en los precios de la cocaína —aun con los altos niveles de sobreproducción— no es realista. Lo que no se debe descartar es que se desarrolle una cocaína sintética que satisfaga a los consumidores europeos y estadounidenses. Pero mientras llega un reemplazo que desplome los precios, no tenemos alternativa diferente a erradicar la coca con glifosato, así no les guste a los santistas. Paz y coca, como señala Duque, no son dos opciones conciliables.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido