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Mano negra vs. derecha (I)

Rodrigo Lara
28 de junio de 2011 – 06:00 p. m.

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UNO DE LOS PUNTOS MÁS HONDOS DEL pensamiento conservador consiste en afirmar que hablar de derecha e izquierda es una necedad.

Clasificación absurda en una sociedad, una forma artificial de dividir a una comunidad, son argumentos del pensamiento de derecha. Esto no significa que la derecha niegue la realidad política de corrientes de pensamiento que se encuentran a su izquierda, pero sí la descalifica en su razón de ser. La izquierda, en su momento los liberales, después los marxistas y sus tantas evoluciones más, son sofistas que se guían por especulaciones. La izquierda, con su afán de transformación, es una entelequia, una utopía contraria a la razón de la naturaleza o al historicismo que existe y basta con ser observado para que el hombre se gobierne bien. Las izquierdas y su sobrecarga de racionalismo desembocan en verdaderos exabruptos de la razón, que vuelven a los hombres imbéciles, como lo escribe Fernando Londoño en su columna citando a Ortega y Gasset, o sanguinarios como lo expuso Edmundo Burke cuando observaba aterrorizado los torbellinos de violencia de la revolución francesa.

Un fenómeno interesante de los últimos 40 años es el matrimonio, modernizador, entre el pensamiento conservador y el economicismo. El homo economicus, el de la teoría de las expectativas racionales, reduce la racionalidad del hombre a la utilidad del interés personal. Con base en este individualismo metodológico se han forjado ambiciosas teorías predictivas sobre la sociedad y el gobierno. A la postre, se trata de modelos que, matematizados, reducen la racionalidad a funciones de utilidad del individuo desconociendo sus preferencias altruistas o sociales. Una racionalidad limitada con pretensiones universales, la que siempre ha enarbolado la derecha, que ahora con ropaje de matemáticas es utilizada para desvirtuar siglos de ciencias sociales, aquellos sofismas de los filósofos políticos, como los llamaba Burke.

Así algunos no comulguemos con ellos, los argumentos de la derecha enriquecen el debate democrático. La derecha alega que es más eficiente entregarle la tierra al capital para que emplee al campesino, el modelo Carimagua. La derecha profunda está en desacuerdo con la idea de repartir tierras. Alegan la insostenibilidad fiscal de la Ley de Víctimas y otros desconfían de herramientas de esta naturaleza, porque estas grandes empresas humanas, esos sofismas de progresistas, siempre estarán condenados al fracaso.

Es importante que la derecha enarbole sus argumentos ideológicos. Ahora, una cosa es argumentar y otra manipular. Cuando Juan Manuel Santos habla de una mano negra asesina de extrema derecha se refiere a criminales, no a sus críticos. Cuando Fernando Londoño y otros acusan a Santos de meterlos en un mismo paquete con los criminales de extrema derecha, o de estar justificando los crímenes de izquierda, acuden a una amalgama, que es una forma de hacer falsas analogías para redefinir lo dicho por Santos de una manera que los beneficie en su ejercicio de oposición. Una pirueta de estas no es un argumento político, es una forma de convencer con efectos, es decir, de manipular. Y para aquellos que sí forman parte de la mano negra asesina, un artilugio para desconocer lo que quiso señalar Santos.

@rodrigo_lara_

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