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Los tuyos, los míos y los nuestros

La composición de los hogares colombianos ha cambiado significativamente en los últimos años por cuenta del aumento de los divorcios, de las madres cabeza de familia y del embarazo adolescente.

Por El Espectador
02 de junio de 2011

Del manejo que le den los padres a esta situación depende que los niños puedan sacar ventaja o terminar perjudicados.

Antiguamente en Colombia la única razón por la cual una familia terminaba solo bajo la cabeza del padre o de la madre era la viudez. Hoy en día, en cambio, debido a las altas tasas de embarazo adolescente, a la determinación de muchas mujeres de ser madres solteras y al aumento de los divorcios esta situación ha cambiado y los niños y adolecentes han tenido que acoplarse a formas diferentes de vida familiar y, desafortunadamente, en muchos casos han comenzado a padecer de soledad.

La psicóloga de familia Gloria Mercedes Isaza explica que actualmente el porcentaje de divorcios en el país es del 55% y que adicionalmente muchos menores tienen que vivir con figuras diferentes a la de su papá y su mamá, lo cual implica que tanto los educadores como los padres deben brindarles su apoyo para que se adapten y comprendan que lo que está sucediendo forma parte de un cambio cultural que afecta a toda la sociedad. Por su parte, el psicólogo Miguel De Zubiría cuenta que la nueva conformación de los hogares responde a dos cambios muy fuertes en la familia.

El primero sucedió en 1930, cuando en Colombia se comenzó a vivir el efecto del capitalismo que consistió, entre otras cosas, en la llegada masiva de campesinos a las ciudades lo cual rompió a las familias extensas integradas por papá y mamá, cuatro abuelos, tíos, primos y varios hijos. Esto hizo que los menores dejaran de tener un grupo tan significativo de personas a su alrededor preocupadas por su formación. El segundo cambio se produjo por cuenta de la aparición de la píldora anticonceptiva, por cuenta de la cual se redujo dramáticamente el número de hijos y la presión social de mantener un hogar a toda costa. “El divorcio, asegura De Zubiría, no era una opción que podían contemplar quienes tenían cuatro, cinco o hasta ocho hijos”.

Lo anterior, agrega generó la aparición de las familias recompuestas o rotas que son las actuales.”El 37% de los niños colombianos viven sin su papá y la mayoría de mamás trabajan tiempo completo, lo cual ha hecho que la formación de los menores esté en manos de los colegios y que muchos de ellos sufran de uno de los males más preocupantes del momento: la soledad”.

El psicoanalista Guillermo Carvajal, basado en su experiencia clínica, tiene una visión más positiva de la recomposición de los hogares. Según él, no hay nada más perjudicial para la formación de una persona y la tranquilidad de los padres que un matrimonio conflictivo. “Si la separación se realiza en el marco del respeto los niños en vez de perder, ganan. Pasan a tener dos casas y si sus padres vuelven a casarse entonces también gozarán del cariño no de dos sino de cuatro padres”. Además, cuenta que en sus consultas ha comprobado una situación muy paradójica y es que la relación de los padres con hijos separados a veces mejora, por cuenta de la tensión que se les transmitía a ellos a raíz de los conflictos matrimoniales.

Lo cierto, es que esta nueva composición de la familia ha traído grandes y nuevos retos para los padres, quienes deben esforzarse por garantizar el mayor bienestar posible a sus hijos sin importar el escenario, las condiciones o los actores. El diálogo, el respeto, la comprensión y la compañía son las mejores herramientas para lograrlo.

 

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