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Se murió Sabato a destiempo, hoy hubiese cumplido cien años.
Y se murió cuando, por razones de trabajo, yo releía su obra completa, más de 2.500 páginas. Rescataré aquí, ahora, lo más positivo de esa relectura, que es su novela Sobre héroes y tumbas, quitando el “Informe sobre ciegos”. Me pareció buena cuando la leí, y releerla me lo confirma. Y por cierto que mi ejemplar está identificado en la página del título con mi firma y una fecha: Buenos Aires, enero 1967, que fue donde y cuando lo compré. Y en la página siguiente, arriba y a la derecha, campean tres líneas que parecen tres regueros de hormigas y donde puede descifrarse: “Para Ricardo Bada / con toda simpatía / Ernesto Sabato”. Aún recuerdo la frase con que se despidió de mí aquel día de marzo de 1974, la única ocasión en que pasamos un rato charlando, en Bonn: “No deje que lo eche a perder el periodismo”. Me temo que ya se lo temía.
De Sobre héroes y tumbas la relectura me ha dejado el descubrimiento de que, además de Borges, lo cual es público y notorio, también aparece como personaje episódico importante —por el dato que aporta— el gran poeta chileno Gonzalo Rojas. Y el descubrimiento, así mismo, de que el Boca Juniors de 1908 era un equipo que, al menos en la memoria de uno de sus hinchas más fieles, que recuerda de memoria alineaciones memorables, sólo alineaba 10 jugadores: da la impresión de que fuera uno de esos ajedrecistas maestros que conceden una torre o un alfil de ventaja al jugar contra gente de menor talla. Y en la misma página, en otra alineación, la del primer campeonato ganado por Boca, en 1919, el memorioso hincha recita el nombre del portero (Américo Tesorieri) en tercer lugar. No sé por qué pero tengo la sospecha de que Sabato no era muy entendido en materia de fútbol, aunque sí que sabía reconstruir, magistralmente, el habla peculiar de los hinchas.
Otro descubrimiento que debo a la relectura es, por ejemplo, una frase que he rescatado del “Informe sobre ciegos”: “Dios es un pobre diablo, con un problema demasiado complicado para sus fuerzas. Lucha con la materia como un artista con su obra. Algunas veces, en algún momento, logra ser Goya, pero generalmente es un desastre”. Y el capítulo XIII de ese mismo “Informe sobre ciegos” es algo que no vacilaría en firmar como suyo, hoy, Fernando Vallejo, de manera que esto que digo es un gran elogio, para que vean que no me duelen prendas, ni siquiera hablando de un texto que me parece lo peor que puede parecer un texto escrito y publicado: me parece prescindible.
Descanse en paz el solitario de Santos Lugares.