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Episodios nacionales

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FOLCLÓRICO EPISODIO, BASTANTE nacional, resultó la versión libre del expresidente Uribe ante la Comisión de Acusación de la Cámara. Traigo a cuento la obra de Benito Pérez Galdós Episodios Nacionales para dar título a esta nota y para su ilustración.

Deslucido espectáculo, y si se quiere, divertido. El representante Escobar, presidente del triunvirato acusador, estuvo ofuscado, manejó escasa dicción y no supo literalmente qué hacer. A leguas se veía su impericia para presidir una audiencia judicial. Es que los políticos no deberían convertirse en jueces, de la noche a la mañana.

A todos los alteraba no poco la presencia de S. M. Uribe, pequeñito entre dos descomunales abogados, Lombana y Granados y también nervioso: botó las gafas, que recogió del suelo. Entre las piernas guardaba una CocaCola, que bebía en botella y escondía, como cualquier colegial.

Las víctimas, ah, las víctimas. Estaba una abogada de derechos humanos que terminó acusando de gravedad a Uribe, en relación con varios temas de su gobierno, ajenos al caso en cuestión.

Presente Iván Cepeda, ausente Piedad Córdoba; no se hallaban los magistrados, ni fuera propio, víctimas, como los que más; tampoco Daniel Coronell; sí, en cambio, el periodista Hollman Morris, experto en coordenadas y malquerido por los gobiernos.

Todo se aplazó por unas recusaciones. Acusar a un presidente y llevarlo a juicio para esperar una condena es algo utópico. Los congresos son amigos o enemigos de los gobernantes: si lo primero, la absolución, tipo Samper, es segura; si lo segundo, el cierre del congreso, tipo Ospina Pérez, no se descarta.

Con humildad, rayana en la virtud, don Marco, el presidente Marco Fidel Suárez, se sometió, allá en los veinte, a las barras bravas de congreso, y su desazón lo hizo tropezar al entrar al recinto. Se cayó físicamente y del poder. Ospina, presidiendo un gobierno de minorías, no encontró, al parecer, otra salida que cerrar el establecimiento en 1949, ante la seguridad de ser juzgado con parcialidad manifiesta.  ¿ Puede, entonces, ser llevado a juicio un presidente o un expresidente, con el mando todavía fresco ? En las condiciones constitucionales que rigen y con los cuidados del reglamento y del fuero,  pareciera que no. 

Uribe aprovechó la venteadita para pasearse por la séptima, en tropel de escoltas y, como dijera ‘el Tuerto’ López “entre un mundo de Albertos Pumarejos”. Entusiasmo y novelería de la gente, sin duda lo quieren, también hubo rechifla; no eran muchos y más parecían extras de la telenovela La Pola.

El expresidente promete “callejear” en pos, vaya uno a saber, de su elección a alcalde o de la reelección presidencial, mediante algún truquillo constitucional, vieja maña del uribismo.

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