Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
«AL OÍR LA NOTICIA, SE ME SALIE-ron las lágrimas», indicó con un ademán el intelectual de izquierda Daniel García-Peña, cuando el miércoles entraba al salón de la Cancillería al que acababa de llegar el féretro de Augusto Ramírez Ocampo, cubierto con la bandera de Colombia.
Como Daniel, todos los trabajadores por la paz estamos tristes: nos duele saber que ya no contamos con el comentario inteligente, la palabra conciliadora, la propuesta brillante y la firme prudencia de que siempre hacía gala Augusto, un conservador de los buenos; hijo del famoso Leopardo Augusto Ramírez Moreno, a quien le heredó su capacidad para la oratoria; canciller de Belisario Betancur en la época del conflicto centroamericano; fundador, entonces, del Grupo de Contadora; ministro de Desarrollo; alcalde de Bogotá; miembro de la Comisión de Conciliación Nacional y de la Comisión Facilitadora para los Diálogos entre el Eln y el Gobierno, además de muchas otras cosas, por ejemplo, ganador del Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional pero, ante todo, apóstol permanente de la paz y amigo incondicional.
Conocí a Augusto hace treinta años, lo entrevisté cuando fue canciller y alcalde, pero lo traté de cerca durante más de once años, en los que fuimos compañeros en la Comisión Facilitadora, creada por el querido humorista asesinado, Jaime Garzón, para propiciar la paz con el Eln. En la oficina de Jaime Bernal nos reuníamos, al comienzo semanalmente, a tomar tinto y a conversar sobre posibilidades de paz. Y muchas veces viajamos con él en busca de ese propósito: fuimos a la cárcel de Itagüí a dialogar con los presos del Eln, Pacho Galán y Felipe Torres; volamos a Ginebra (Suiza), a La Habana, al sur de Bolívar, en fin, siempre estuvimos liderados por Augusto Ramírez quien, en todas las ocasiones, producía una idea inteligente y hacía una propuesta constructiva. ¡Cómo recuerdo aquella encerrona que los paramilitares nos hicieron en Santa Rosa, y que tantas veces mencionó Augusto, cuando fuimos él, Jaime Bernal, Hernando Hernández, Mario Gómez y yo a explorar la creación en el sur de Bolívar de una zona de encuentro entre el Gobierno y el Eln, a la cual los paramilitares se oponían! Fue una reunión difícil: los ‘paras’ estaban muy molestos, hasta nos abuchearon pero, ¡a punta de discursos, al final, los convencimos de que nos dejaran salir!
Ahora, a los amigos de Augusto Ramírez Ocampo, y al país entero, no nos queda más que continuar el sendero que él nos trazó como apóstol de la paz. ¡Pongámonos, pues, todos de pie, para despedirlo con ese aplauso salido del fondo del corazón que sólo merecen los seres valientes y buenos, y pidámosle que nos ilumine desde donde quiera que él se encuentre! ¡Adiós, entrañable Augusto, vete con la tranquilidad del deber cumplido, y descansa en paz!
~~~
¡Cómo tiene de razón en su respuesta al expresidente Uribe —quien se quejó de que el gobierno de Santos está graduando al suyo de corrupto—, el ministro del Interior, Germán Vargas Lleras, a quien, de paso, felicito por los impresionantes logros obtenidos por él en esta legislatura, al conseguir la aprobación de las leyes fundamentales de la administración Santos, la de Víctimas, Tierras y Regalías: “No puede hacerse un debate político de la lucha contra la corrupción”, dijo.
Y así es: quienes hayan saqueado al Estado, ¡deben ir a la cárcel, por más Reyes Pepinitos que ellos sean!