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He leído varias veces este corto poemario no sin cierto sobrecogimiento por lo que en él se expresa de una manera libre y vigorosa, apelando a lo narrativo y a imágenes y metáforas del exilio que han terminado por formar una idea en mí de que muchos en este país nos sentimos desterrados.
El libro se llama Oda a John Wayne y es un recorrido por una geografía desierta, como lo es la del MidWest norteamericano. Lo ha escrito Óscar Torres Duque, acaso uno de los más discretos y silenciosos poetas colombianos, que ha guardado una distancia con el mundo para construir una voz propia.
Se trata de un largo poema dividido en varios apartes inquietantes a partir del encuentro del poeta con un personaje homónimo al gran héroe de los westerns de John Ford, John Wayne, El Duque. A partir de esa coincidencia en el paradero de Forest View, en Laura Drive, en Iowa City, el poemario nos pasea por lugares cotidianos —droguerías, tabernas, estaciones de buses— como lugares de encuentro en los cuales se traba una relación que apenas se anuncia, pero que en el fondo entraña un amor que jamás se consuma. De estilo libre en sus versos, intercala una reflexión sobre la amistad, la inmigración y la imposibilidad de comunicarse. Todo escrito de una manera honda y sutil como si cada aparte nos presentara una confesión sobre el acto de escribir: “El poeta ignora todo de su oficio: no sabe cuándo empezó, no /sabe cuándo termina. / Pero yo sé que hubo líneas escritas por mi mano, allá en Colombia / o lo sabía, y un día quise leerlas, y no pude. / Volver a escribirlas, volver a escribirla, una sola, la línea, / poder, como Dante en el infierno, poder, decir y poder / escribir la línea y hacerlo en el infierno, en tierra ajena sin / tierra”. Sus imágenes son muy logradas y le recuerdan a uno los parajes de Hojas de hierba, de Whitman, o ciertos poemas de T.S. Eliot, o de Pound, o de Lee Masters, aun cuando confiesa que no le gusta: “Nadie aliviaría el pasado ni la desesperanza real que era el futuro, / que es el futuro, que será el futuro, cuando ya ha sido”. La voz es la de un hombre que escribe una larga carta, a veces de urgencia, a quienes conoce en ese país lejano llamado Colombia, pero también a ese hombre que ha terminado por desaparecer: John Wayne, un hippie sobreviviente de los beatniks, solitario a la vera de las carreteras de Iowa, devenido mánager comercial, quien entiende el significado del olvido, de no pertenecer a ningún lugar, ni siquiera a una lengua: “Pero tu muerte ha sido humilde, / fotógrafo del MidWest. / Sólo la muerte de un perdedor, / la modesta caída de un enfermo mental / desde un modesto parqueadero de seis pisos en construcción”.
Un testigo de una vida, se me ocurre: de la propia y de la de otros que se encuentran y desencuentran. Un observador de un lugar desolado que nos regala un libro intenso como si la emoción a veces luchara contra el lenguaje.
‘Oda a John Wayne’, Óscar Torres Duque, PUJ.
ojoalahoj@yahoo.com