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A pesar de ser un departamento con una marcada tradición liberal, en Tolima el partido rojo la tiene difícil para mantener el poder en la Gobernación de cara a los comicios regionales del 25 de octubre. La razón: la división dentro de la colectividad, que aunque cuenta con aspirante propio, Mauricio Jaramillo, pareciera tener algunos sectores disidentes que no respaldan abiertamente dicha candidatura.
Jaramillo, quien también recibió el espaldarazo del Partido de la U y Cambio Radical, viene de una familia con vasta trayectoria política en la región. De hecho su hermano, Guillermo Alfonso Jaramillo –exsecretario de Gobierno de Gustavo Petro–, aspira este año a la Alcaldía de Ibagué. Es una apuesta fuerte del liberalismo, pues se trata de un exsenador reconocido y copartidario del actual gobernador Luis Carlos Delgado, cuya administración ha tenido el visto bueno del electorado. Asimismo, tiene un importante caudal electoral en los municipios del norte de Tolima y en ciudades como Espinal y la misma Ibagué.
Sin embargo, se dice en voz baja que varios liberales han optado por ofrecer su apoyo a su rival más directo, el conservador Óscar Barreto. El tema de fondo, según quienes conocen la dinámica de la política local, tiene que ver con el respaldo del Centro Democrático a Barreto y con la fuerza que el uribismo ha alcanzado en la región. Un posicionamiento que incluso se vio reflejado en las elecciones presidenciales de 2014, en las que Óscar Iván Zuluaga obtuvo el 59,42 % de los votos, superando ampliamente a la Unidad Nacional del presidente Juan Manuel Santos.
Hay quienes coinciden en que la figura del expresidente Álvaro Uribe sigue jalando adeptos –incluso de otras toldas– que pueden no compartir por completo los lineamientos de su partido, el Centro Democrático, pero que simpatizan con el exmandatario. Y aunque en un comienzo la unión entre Barreto y el partido de Uribe estuvo en veremos, finalmente se cocinó el apoyo que ha resultado bastante beneficioso para el candidato, quien además tiene el respaldo de varios de los empresarios más reconocidos del Tolima, que le han inyectado capital a su campaña, entre los que se destaca Henry Escobar Ceballos, gerente de Interamericana de Licores.
Además, Barreto ya fungió como gobernador y durante su administración ejecutó obras de infraestructura en varios municipios que hoy le valen el reconocimiento de una buena parte del electorado, sobre todo en el sur del departamento. En su contra, sin embargo, juegan los cuestionamientos que han surgido por cuenta de las ocho investigaciones que tiene pendientes en la Fiscalía, algunas relacionadas con irregularidades en procesos de contratación cuando fue mandatario de los tolimenses.
Por cierto, su aspiración de nuevo a la Gobernación solo pudo definirse a finales del año pasado, cuando en segunda instancia la Procuraduría lo absolvió luego de que fuera destituido e inhabilitado para ejercer cargos públicos por once años por supuestas irregularidades en una licitación.
Pese a las dudas, las encuestas muestran al candidato conservador como uno de los favoritos junto con Mauricio Jaramillo. En el fondo y teniendo en cuenta los acuerdos programáticos con otras colectividades, la pelea por la Gobernación del Tolima la lideran estos dos caciques, que representan la medición de fuerzas entre la Unidad Nacional afín al Gobierno Nacional y la oposición del uribismo.
La baraja de candidatos la completan el expresidente del Senado Carlos García Orjuela (por firmas), quien en el pasado apoyó a Óscar Barreto para la Gobernación y fue compañero de Jaramillo en el Congreso, y Jaime Eduardo Reyes, un dirigente de extracción conservadora –incluso fue secretario de despacho de Barreto– que en esta oportunidad va avalado por la Alianza Verde.