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Andrés Felipe Rojas siempre tuvo vocación para ayudar. Lo supo cuando eligió estudiar enfermería pensando en trabajar con aquellos que no tienen acceso a los servicios básicos. “Sólo me interesaba salir de la universidad para hacer lo que más me gustaba: ayudar a las personas, ayudar con mi profesión, cuidar al enfermo e involucrar a la familia en ese proceso de recuperación de la salud”, recuerda.
Comenzó a trabajar en Tumaco con las víctimas del conflicto colombiano. Allá conoció a la ONG Médicos Sin Fronteras y se vinculó a la organización en 2013. Con ellos estuvo en el Pacífico caucano atendiendo a los habitantes de las poblaciones cercanas a los ríos Naya, Noanamito, Timbiquí y Guapi. “Realizábamos atención en salud primaria y psicológica, rehabilitaciones en puestos de salud y atendiendo emergencias por desplazamiento poblacional”, recuerda.
Luego le pidieron ayudar en otros países. En 2014 estuvo en Malakal (Sudán del Sur) realizando atención en centros de alimentación terapéutica ambulatoria para desnutrición aguda severa y moderada; en 2016 tuvo que empacar maletas y viajar a El Sireaf (Sudán), en donde ayudó a controlar una epidemia de dengue, y ese mismo año aterrizó en Benguela (Angola) por una gran epidemia de fiebre amarilla.
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“Lo más lejos que me veía era en Tumaco (Nariño), y fue hasta que ayudé a otra gente fuera de Colombia que me dí cuenta de que se puede aportar a personas en otros países, con otras realidades, pero con el mismo dolor”, dice.
Regresó al país, pero en 2017 lo volvieron a llamar para atender una nueva crisis en África. Andrés Felipe Rojas ya había estado en Angola y esa experiencia lo hizo estar de primero en la lista.
“Fui llamado por segunda vez a Angola para brindar, junto con un equipo de MSF, asistencia a los refugiados congoleños (en su momento más de 15.000, cifra que luego a finales de 2017 llegó a los 35.000) que huyeron de la violencia en la región de Kasai, en la República Democrática del Congo, los cuales se desplazaron hacia la ciudad de Dundo, en la región de Lunda Norte en Angola. Después de que se identificaron las necesidades dentro de la emergencia, agua y saneamiento, comida y salud, uno de los principales problemas eran los niños en estado de desnutrición severa y moderada”.
Angola es un país de habla portuguesa, ubicado en el suroeste de África, que luego de haberse recuperado de una larga guerra civil e independizarse, hoy vive una crisis económica generalizada, que afecta, entre muchas cosas, al sistema de salud. “Angola tiene carencias en medicamentos y no está preparado para eventos “sorpresa” como epidemias, desplazamientos y atención a refugiados”, explica Rojas desde ese país.
Médicos Sin Fronteras tiene proyectos en más de 70 países, dando apoyo en salud a la población más necesitada.
“Decidí aceptar la misión de Angola, debido a una situación de emergencia en este país que no daba espera. El tiempo cumple un factor importante y podría representar la diferencia entre vida y muerte”.
Sobre las diferencias entre las dos crisis (la colombiana y la angoleña), Rojas explica: “El hecho que un noticiero tenga que decir sus titulares en más de 7 lenguas locales, dice mucho de su diversidad cultural; me impacta también el hecho que fue un país que vivió, sufrió y salió de una guerra civil de décadas, lo cual dice mucho de su capacidad de perdón y resiliencia; impacta aún más que no importando el grado de desigualdad social que puede llegar a existir, estas poblaciones están con una sonrisa en la cara. Esto me recuerda muchísimo a Colombia, a las comunidades afros e indígenas que tuve la oportunidad de conocer en las selvas del Pacífico”.
Andrés Felipe quiere seguir ayudando. Está convencido de que ver la realidad de otras naciones, haber tenido la oportunidad de vivir en carne propia las penurias y necesidades por las cuales atraviesan miles de personas en el mundo se convierten en una motivación para realizar pequeñas acciones que sumadas resultan en grandes cambios.