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El país atraviesa dos coyunturas claves. La primera, el significativo avance en las negociaciones de paz con las Farc, que parecen estar en un punto de no retorno. Y la otra, las elecciones, en las que las diferentes fuerzas políticas apuestan por el poder regional. En el centro de este debate, aunque alejado de los micrófonos, está el vicepresidente Germán Vargas Lleras, a quien algunos han comenzado a criticarle la ausencia de respaldo a los diálogos y le han hecho señalamientos delicados: que a través de su partido, Cambio Radical, y el presupuesto billonario de infraestructura está catapultando su futura aspiración presidencial en 2018.
El dedo en la llaga lo puso el senador y codirector del Partido Liberal, Horacio Serpa, quien en un escrito público aseguró que “Vargas Lleras no participa en la paz. No le interesa; no dice ni mu. Es la segunda persona del sistema gubernamental y a veces parece que fuera la primera. Manda y desmanda, ordena, dispone, aplica y ejecuta el presupuesto, regaña y patalea, a veces patea, para que se hagan las cosas, dispensando los recursos públicos por billonadas, acorralando ministros y funcionarios sin contemplaciones”.
Pero, agregó el congresista, “de la paz, nada de nada. Tan fácil como no comprometerse sobre la paz. Que se desgaste el presidente. Que pongan la cara los partidos políticos de la Unidad Nacional. Lo mejor es pasar de agache, ganar las elecciones ahora y esperar el endoso del 2018”. Para terminar con una palabra que ya se ha hecho célebre en el discurso serpista: “¡Mamola!”.
La queja de Serpa tiene los ojos puestos en las presidenciales de 2018, en las cuales es casi un hecho que Vargas Lleras será candidato, y el liberalismo aún no encuentra una figura de talla para enfrentarlo en las urnas. Además, los pronósticos anuncian que a Cambio Radical le irá muy bien en las elecciones del próximo 25 de octubre, sobre todo con sus candidatos en la región Caribe y posiblemente en Bogotá, regiones claves para la reelección de Santos en 2014.
El asunto es así: Cambio Radical se puede dar por ganador en Barranquilla con Álex Char, en Atlántico apoyando al candidato liberal Eduardo Verano, en Magdalena con Rosa Cotes, en La Guajira con Oneida Pinto, en Riohacha con Fabio Velásquez, en Valledupar con Jaime González, en Cesar con Franco Ovalle (que tiene el aval de la U, pero es amigo personal de Vargas Lleras) y el premio mayor: Bogotá con Enrique Peñalosa.
Un capital nada despreciable, pues son las regiones con mayor densidad electoral y las que pueden inclinar la balanza en las presidenciales. Sobre la paz, no cabe duda de que Vargas Lleras —quien recientemente estaba de vacaciones— ha optado por la prudencia y la discreción. Y que de vez en cuando da una que otra puntada, siempre vinculada a su gestión, como la del pasado 11 de agosto: “Siempre he creído que la construcción de viviendas, dotar de agua potable a los colombianos y construir carreteras son realmente aportes a la paz”.