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La muerte

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Pensar en un tema como la muerte para una novela no es ninguna novedad, y menos en este país donde vivimos rodeados y cercados por asesinatos diarios.

El problema es cómo reflexionar sobre ella. Cómo lograr un abordaje particular, ambicioso, bien construido en el lenguaje, a través de las páginas de una narración.  Eso es lo que ocurre con El hombre que murió la víspera, primera novela de Sergio Ocampo Madrid.

La historia es la de Bruno Valenzuela, un hombre de 46 años, profesor universitario, antropólogo experto en tanatología, que el día de su cumpleaños comienza a entender que su obsesión por conocerlo todo sobre la muerte desde cientos de abordajes posibles —desde el Libro tibetano de los muertos, pasando por Egipto, Mesopotamia, las tradiciones griegas, y los enfoques de la filosofía occidental, por sólo nombrar algunos— ha sido como cavar su propia tumba para morir en vida.

Valenzuela ha recorrido, desde sus trece años, un camino en el cual ha decidido olvidarse de revelar sus sentimientos para no sufrir. La pérdida de su madre, en plena adolescencia, ha hecho de él una suerte de espectro. Ha anotado juiciosamente en decenas de cuadernos todo cuanto le angustia y le duele del mundo. En ese ejercicio, ha construido una fortaleza que terminará por aislarlo definitivamente. Aunque durante treinta años ha hecho lo que muchos hombres, esto es, casarse, tener una familia, asumir la vida profesional, Valenzuela ha comenzado su verdadero descenso a los infiernos y de eso se ocupa Ocampo con solvencia. Sus relaciones con el mundo se debatirán, durante doscientas cincuenta páginas, entre su incapacidad para amar y vivir, y la resignación —que nunca consigue— de quien se sabe perdido.

Tiene varias cosas destacables esta novela. La primera es que se le juega a construir un largo perfil de un hombre muerto en vida y es capaz de sostener ese ritmo sin caer. La segunda, es un texto bien escrito, cuidado. Y la tercera, sus conflictos nos hacen comprender que todos somos, a veces, un poco como Bruno Valenzuela cuando decidimos protegernos de la vida ausentándonos de ella. El riesgo de crear un personaje inteligente, culto, de un vuelo intelectual evidente, ha sido asumido por Ocampo con profundidad y destreza. El hombre que murió la víspera no es una novela fácil: es la primera piedra de un mundo particular que ojalá siga por ese rumbo, apostando por una mirada propia, aunque a veces se eche de menos la imperfección.

El hombre que murió la víspera, Sergio Ocampo, Norma.

ojoalahoj@yahoo.com

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