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El julio que comienza el lunes será un mes sulfúrico. No por las cosas que vayan a suceder, sino por las que sucedieron, por el peligro de la memoria que levanta. Hay un día en que se concentra la perturbación: el 20. Sus ondas se propagan un poco hacia atrás, otro hacia adelante.
El listado de extrañezas condensadas indica que hoy 28 de junio, hace un siglo, se firmó el tratado de Versalles que dio término oficial a la Primera Guerra Mundial. O que el próximo 14 se cumplen 230 años de la Toma de la Bastilla, inicio de la Revolución Francesa y del descabezamiento de los reyes de peluca y poder eterno.
En vísperas del propio 20 de julio, hace 220 años, se descubrió en Egipto la Piedra Rosetta. Es una laja negra con un texto inscrito en tres idiomas o escrituras, jeroglífico, demótico o egipcio popular y griego antiguo. Así se descifró el legado de los constructores de pirámides. Varios milenios se dieron la mano, la humanidad pudo hablar con sus ilustres tatarabuelos del Nilo.
Así llegamos al mismísimo 20 de julio, con una hazaña esperada desde que Adán era Adán: la llegada del hombre a la luna hace 50 años. Se conmemora con el documental Apollo 11, dirigido por Todd Douglas Miller y recién estrenado en Sundance donde ganó premio del jurado. Es una cinta de la que uno se pregunta cómo no la habían hecho antes.
Tiene el privilegio de contar con material fílmico y de televisión íntegramente rodado y grabado en los instantes del lanzamiento, el vuelo, el alunizaje, el regreso y el nervioso tecleo trigonométrico de centenares de científicos de la Nasa, la gran mayoría de los cuales han de estar hoy muertos.
El espectador sabe, por recuerdo personal o por libros de historia, que la hazaña fue un éxito. Sin embargo suda y tiembla durante la hora y media de proyección. ¿Qué produce la tensión narrativa de una cinta plagada de símbolos y cifras en jerigonza, donde ningún actor actúa, ninguna voz en off conduce, la acción se comporta en rigurosa sucesión cronológica y lógica?
¡Misterio! Habría que darle un premio al guionista, director o creador de ideas originales, que logre resolver este interrogante. En Colombia la película se exhibirá en cines solamente durante cuatro días, en el fin de semana del 20 de julio, cómo no. Cualquier investigador podría ubicar encuestadores para medir la frecuencia cardíaca de los terrícolas a la salida de las salas.
Nuestro 20 de julio de este año, con sus floreros y llorentes, es preludio inmediato de los 200 años de la batalla de Boyacá dentro de dos semanas. Independencia grita el pueblo americano. Los nicaragüenses también recordarán aquella malograda revolución sandinista que metió jeeps fusileros en plena Managua el 19 de julio de hace 40 años.
Cuatro semanas después de este 20 de julio tronarán los 50 años de Woodstock, declarado el mejor evento musical de todos los tiempos, el mayor acontecimiento pacífico de la historia. Cuatro días en que la juventud se quedó joven para siempre.
Sulfúrico o azufrado, este julio será corrosivo y explosivo, como una memoria de peligro.