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Moral a la moda

En solo un año, los americanos tiraron a la basura alrededor de 26,8 millones de toneladas de alimentos, 8,5 millones de muebles y 6,3 millones en ropa.

Por El Espectador
07 de octubre de 2011

Aunque no parezca evidente, la ropa es una gran generadora desperdicios. La conciencia de los problemas medioambientales en torno a la moda apareció dos décadas atrás, en los años 80, “sin embargo, durante años, las firmas se limitaron a adoptar algunas prácticas internas, como ahorro de energía o reciclado sin cambiar los productos ni la manera de producirlos y comercializarlos”, explica Isabelle Quéhé, la creadora del Ethical Fashion Show de París, y una de las primeras en augurar que las prácticas ecológicas serían una condición determinante para los consumidores al momento de adquirir una prenda.

Cuando las mujeres van a los grandes almacenes y encuentran camisetas por algo menos de $6 mil, ¿deberían maravillarse y comprarlas, o inquietarse? Hace algunos años nadie se cuestionaba por la procedencia de la ropa, si en su proceso de manufactura había empleados explotados, y mucho menos si el algodón era orgánico. Sin embargo, el consumidor parece estar cambiando. “No tardaremos en ver que la ropa, así como los alimentos, vengan con una etiqueta que diga 0% de pesticidas, 0% de resinas y colorantes tóxicos, 0% de mano esclava”, asegura Laura Novik, consultora en temas de sostenibilidad.

Según la campaña española Ropa Limpia (CRL) –que busca mejorar las condiciones laborales en el sector textil– empresas españolas han trasladado parte de su producción a Marruecos, concretamente a Tánger, para servirse de talleres irregulares en donde pagan unos sueldos ínfimos. Por su parte, un informe de la Campaña de Juego Limpio aseguraba que las multinacionales de ropa deportiva continúan violando los derechos laborales en China al pagar a sus trabajadores sueldos miserables y obligarles a hacer horarios excesivos.

El surgimiento de una moda ética se sitúa en la confluencia de diferentes elecciones que dan lugar a varios modos de fabricación: pone en primer plano la defensa de los hombres y sus condiciones de trabajo, la protección del medio ambiente, el uso de las habilidades ancestrales, reflejos de las diferencias y de la cultura de cada uno. En la moda nacional algunas diseñadoras han adoptado como consigna estas prácticas verdes: Adriana Santacruz y su trabajo con las artesanías y tejidos de los indígenas pastos, Amelia Toro, pionera en poner a conversar la moda con los lenguajes autóctonos de los indígenas cunas y una de las creadoras que ha sido ferviente vigilante de que la moda respete y proteja las culturas artesanales, y Juliana Correa, de la marca ONA, quien procura usar materiales orgánicos y concientizar desde sus vestidos sobre el problema de cómo el consumo frenético está ahogándonos en desechos de todo tipo. 

 

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