Sobre el trato a migrantes

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“¿Usted qué prefiere: que los niños enjaulados duerman en camas o en un piso mugriento?”. A esto se redujo la discusión sobre la decisión que tomaron 447 empleados de la exitosa tienda de artículos para el hogar Wayfair de retirarse de sus puestos de trabajo en señal de protesta porque la compañía insiste en suplir a los “campos de concentración” en los que niños inmigrantes son enjaulados mientras esperan su proceso de asilo o son deportados a sus países.

El ambiente es tenso y la situación refleja mucho el sentimiento actual de los estadounidenses: la economía sigue en aumento y eso no se discute. En el mundo capitalista, mientras haya plata la gente en general está feliz. Y por eso no dudo de que Trump gane de nuevo las elecciones, aunque el costo social y humanitario de este incremento económico nos esté llevando cada vez más a la degradación del ser: hay niños enjaulados y hacinados que se están muriendo en manos del gobierno, lejos de sus familias y hay empresarios que prefieren llenarse los bolsillos sabiendo estas condiciones.

Los empleados de Wayfair rechazaron procesar un pedido de casi US$200.000 que había ordenado Baptist Child & Family Services (BCFS), un contratista —sin ánimo de lucro— del gobierno estadounidense que se encarga del manejo de los centros de inmigrantes en la frontera del sur del país. Enviaron una carta dirigida a su equipo de líderes, exponiéndoles su desconcierto y rabia por las atrocidades cometidas en la frontera con México. Precisan además que la nueva orden de camas y colchones estaba destinada a Carrizo Springs, en Texas, a un lugar que se está adecuando para detener hasta tres mil niños migrantes en busca de asilo político. “Creemos que vendiéndoles estos (u otros) productos a BCFS o a algún otro contratista involucrado estamos habilitando violaciones a los derechos y nos hacemos cómplices de promover las acciones inhumanas del gobierno. Creemos que esto no representa una relación comercial ética y, por ende, Wayfair no debería participar… Como empleados y accionistas, les pedimos que cesen toda esta clase de negociaciones actuales y futuras y se establezca un código de ética de ventas B2B que empodere a la compañía y a los empleados a actuar de acuerdo con los valores organizacionales”.

Después de indicarles que el cumplimiento de estos pasos servirá para promover una imagen de buenos valores, salud y seguridad, y de reconocer que saben que no es una decisión que se tome a la ligera, cierran su carta diciendo que “en Wayfair creemos que todo el mundo debe vivir en un hogar que ama. Reforcemos este mensaje tomando una posición firme en contra de las prácticas represivas de separar familias, las cuales les niegan la posibilidad de tener algún hogar”.

El equipo de líderes de la compañía les respondió agradeciéndoles por compartir sus pensamientos y preocupaciones; que entendían el sentimiento sobre esta situación y apreciaban su pasión y compromiso. Que se sienten orgullosos de que su equipo esté tan conectado y concentrado en tener un impacto en el mundo de una manera tan importante y sentida. Que apoyan los derechos de los individuos para comprometerse en sus comunidades impulsando cambios en los temas que los afectan.

Dicen que desde su punto de vista de líderes también creen en la importancia de respetar el pensamiento diverso tanto de todos sus empleados como de sus clientes, y que no importa cuánto a ellos les importe este asunto, hay muchos otros empleados y clientes que no están de acuerdo. Y que desde el punto de vista de vendedores, la práctica es vender y cumplir con las órdenes que cualquier cliente les pida siempre y cuando se esté cumpliendo la ley.

Que prácticamente todo funciona gracias al compromiso de cumplir con los pedidos a tiempo y que eso no significa que apoyen las acciones o las opiniones de grupos o individuos que les compran.

Los animan a que sigan con su compromiso para generar un impacto positivo y que esperan que el éxito continuo de la compañía los habilite a todos como individuos a luchar por las causas en las que creen. Y que muy bueno que hagan filantropía, pero por fuera y que prácticamente se sienten muy orgullosos de ellos.

Bueno, si resumimos todo, de esto se trata el capitalismo a secas. Esto es el mercado libre: oferta y demanda y los precios y condiciones se establecen por estos sin ninguna intervención. Al fin y al cabo, las empresas tienen un objetivo financiero básico: hacer que valga más.

Los empleados no quedaron satisfechos con la respuesta y están organizando una protesta, a la que se han sumado muchos y, obviamente, todo se volvió una discusión política con defensores y contradictores de ambos lados. Miles de clientes cancelaron sus cuentas, amenazaron con no volver a comprarles e incitan a un boicot comercial hasta que la empresa se comprometa a cesar esta clase de negociaciones. Otros menos extremistas los invitan a donar toda la ganancia producida por estas ventas a fundaciones que protegen a los inmigrantes (Raíces Texas, por ejemplo) y muchos también los comparan con la IBM de la década de los 30, cuando sirvió para hacer los censos de Hitler que se utilizaron con fines de identificar judíos en Alemania.

Hay racistas extremos que dicen que lo mejor es acabar con estos centros, devolver a todos para sus países y construir el muro. Que las camas sobran.

El debate también se concentra en determinar si es adecuado llamar “campos de concentración” a estos centros de inmigrantes o, como dicen ciertos judíos sobrevivientes del genocidio, que llamarlos de esta forma es una ofensa a quienes sufrieron el holocausto.

Mi opinión es que las empresas hacen parte y dependen de la sociedad. El compromiso tiene que ser la sostenibilidad de todo el engranaje que las mueve; el dinero no debería estar por encima del crecimiento social y mucho menos por encima de la decadencia de la humanidad y del humanismo. Ver a niño enjaulado llamando a sus papás y que existan quienes se lucren de esto es una muestra de que nos estamos pudriendo.

Adelaida Vengoechea.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com.

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