Recursos desesperados

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Están desesperados. No pueden atravesar las Cortes con sus disparates políticos y saboteos. No pueden romper el último sustento de la legalidad que les impide los retornos de la tradición. Convocan marchas fracasadas que refuerzan con pasantes y escoltas presionados para matizar los efectos de la desaprobación y la vergüenza. Intentan persuadir a la comunidad internacional con comunicados alterados que nadie puede creer. Los reciben con silbidos de indignación y preguntas delicadas sin respuesta. Vuelven al país y pretenden llamar a un gran pacto nacional sin los partidos que los confrontan. No pueden dormir. Barajan las opciones de una constituye inviable por el enorme riesgo que les sugiere las convocatorias anteriores y el aturdente y estruendoso desastre de su imagen presidencial. No pueden acogerse más a las ayudas publicitarias de una nueva encuesta oficial porque el ridículo sería absorbente y caerían todos en la propia espiral de sus designios.

Todas las opciones agotan sus lemas y sus dogmas y no existe otra alternativa jurídica que pueda levantarlos, salvo una mentira más y un último intento desesperado que sustente su presencia en el poder con el respaldo de la opinión pública usando un recurso escandaloso y efectista que puedan usar a su favor mientras se vence el próximo plazo de su verosimilitud. Usarán entonces la confusión que generó el fallo sobre el consumo de bebidas y sustancias sacrílegas en parques bajo la retórica de la amenaza de las Cortes sobre la dignidad de la niñez que nunca tiene atención política salvo para el manoseo y la revictimización. Llamarán a un referendo que tiene el único fin y su última oportunidad para destrozar ese sustento jurídico que les impide el control y el absolutismo contra todos los peligros. Pretenderán unificar las Cortes en una versión a su obvia conveniencia y fulminar la JEP como el último y principal fundamento de sus prioridades. Para eso llegaron al poder, pero tienen el temor de seguir arando en el mar y continuar hundiéndose entre la ignominia y el descrédito mientras la JEP avanza y escucha a los generales histriónicos de la era más cruda de la guerra entre todos los excesos, y recopila las pruebas y los testimonios que los incrimina políticamente en el desmadre que no quieren reconocer y nunca reconocerán aunque los sepulte la sombra de los mares de sangre que hicieron llover sobre todo y sobre todos.

Seguirán sin poder dormir, y si el último recurso verosímil fracasa también entre su escala de fracasos, recurrirán a otro entre la gama de posibilidades del miedo y de la desesperación, pero no puede aparecer una verdad advenediza a enturbiar la costumbre, y nadie puede injuriar sus nombres sobre este territorio de reyes y antiguos sacramentos que heredamos bajo el juramento del sometimiento y la obediencia. Primero el honor y la tierra antes que verse juzgados por herejes del establecimiento. Por ahora pueden contar con la tranquilidad de ver caer el último estatuto de la consulta anticorrupción que pretendía hacer pagar con cárcel los viejos pactos entre hermanos.

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