En Bogotá: continuidad

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Ante la proximidad de las elecciones escribí la columna “Por un cambio regional”. Indiqué que urge “un pacto ciudadano para elegir a los mejores” a través del “voto inteligente y sensato” para la construcción de una sociedad “con liderazgos ajenos al populismo y apegados al realismo”.

El populismo se ha tomado parte de la política. Varios lugares están siendo gobernados por quienes, francamente, uno no se explica cómo hicieron para conquistar electores. Personajes que cada vez que abren la boca causan “pena ajena” y que en otras épocas no habrían sido ni mandatarios de la ciudad de hierro. Habrían alcanzado su máximo esplendor siendo pintorescos personajes de la política; hoy son presidentes o alcaldes, o están a punto de serlo.

En Bogotá, con Claudia López punteando en las encuestas y con sus alianzas con la muy controversial izquierda radical, estamos ante la posibilidad de volver a lo indeseable. Sí, a la Bogotá de la alianza Moreno-Petro, atrapada en la más feroz corrupción y el más caótico populismo.

Bogotá ha tenido en Peñalosa a un buen alcalde. Encontró la ciudad en las deplorables condiciones en que se la dejaron Moreno y Petro. Sin embargo, no se puso a mirar por el espejo retrovisor ni a lamentarse. Gobernó con responsabilidad, con romanticismo moderado, aterrizado en la realidad, planeando a mediano y largo plazo, y concibiendo proyectos estratégicos. Su talón de Aquiles: una frentera personalidad que no gusta a muchos sumada a ser un regular comunicador, lo cual les ayudó a sus adversarios a desprestigiarlo.

Peñalosa se irá dejando jardines infantiles y colegios con altos estándares; miles de parques intervenidos con obras que incluyen pistas de patinaje, canchas múltiples y juegos infantiles; Centros de Atención Prioritaria en Salud (CAPS) en los que han asistido a millones de personas reduciendo el hacinamiento en las urgencias, y asignación por call center de citas médicas eliminando las crueles filas.

Dejará 1.441 buses biarticulados (la mitad a gas natural) que progresivamente aumentarán la movilidad, y sacará de circulación los viejos buses que por decisión de Petro no fueron sustituidos sino renovados y que hoy son chimeneas rodantes. Con ello, Transmilenio solo generará el 0,3 % de las emisiones.

Atacó la corrupción en la salud y el PAE; sacó adelante Transmicable; redujo los índices de homicidio y embarazo adolescente; dejará contratadas o en marcha grandes troncales y avenidas (carrera Séptima, Alsacia-Tintal, extensión Caracas, Ciudad de Cali, 68, Rincón–Tabor, Américas de la NQS a la carrera 50, calle 13 Centenario, ALO sur), y, aunque muchos no lo crean, hasta dejará 20 nuevos árboles aliviados por cada árbol enfermo talado.

El “camino regional” podrá hacerse realidad empezando por Bogotá. Será factible si elegimos a una persona responsable que conozca y haya estudiado sus problemas y no a alguien del corazón de esa izquierda que ya desangró y mal gestionó a Bogotá, y que no tiene ni la más mínima experiencia en administrar lo público.

No es el momento de improvisar, en la continuidad está el futuro de Bogotá.

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