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Tierras de reserva natural en Turbo fueron restituidas a víctima del paramilitarismo

Se trata de un grupo de predios que suman 1.500 hectáreas en Macondo, un corregimiento de Turbo (Antioquia). El fallo favoreció a 500 familias que fueron desplazadas hace 20 años.

Alcides Córdoba, durante el evento en San Carlos (Antioquia) en el que la Unidad de Restitución de Tierras (URT) le entregó el auto que permitió su retorno. Sentado a su izquierda está su padre, Francisco Córdoba. / Foto: Alejandro Calle para la URT.
Alcides Córdoba, durante el evento en San Carlos (Antioquia) en el que la Unidad de Restitución de Tierras (URT) le entregó el auto que permitió su retorno. Sentado a su izquierda está su padre, Francisco Córdoba. / Foto: Alejandro Calle para la URT.

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En la mañana del domingo 17 de julio de 2016, después de 20 años, la familia de Alcides Córdoba regresó a Macondo, un corregimiento de Turbo (Antioquia) de donde salió desplazada en 1996 por culpa de los paramilitares. El retorno fue autorizado por el Tribunal Superior de Antioquia luego de revisar y modificar una decisión que profirió en abril de 2015. Hace un año la corporación negó las pretensiones de Francisco Córdoba (padre de Alcides) de recuperar su tierra porque quedaban en una zona que no podía ser habitada.

El argumento del Tribunal Superior de Antioquia en esa oportunidad fue que, según documentos de la Unidad de Restitución de Tierras, las 1.500 hectáreas de donde salió desplazada la familia Córdoba, junto a otras 500 que vivían en Macondo, estaban ubicadas en la reserva natural del río León y sufrían el riesgo de inundarse. El alto tribunal resolvió que la forma de repararlos era indemnizándolos con una suma de dinero que les permitiera reconstruir sus vidas en otras tierras.

No obstante, le contó Alcides Córdoba a El Espectador, los campesinos de Macondo anhelaban regresar a las tierras en las que habían nacido y crecido. Los primeros pobladores, entre ellos Francisco Córdoba, llegaron en la década de los 50. Hoy el padre de Alcides Córdoba tiene 83 años y durante su vida se dedicó a la ganadería. Entre las 500 familias construyeron la escuela, la parroquia y trazaron caminos. “Cuando nos fuimos, recién habíamos inaugurado el puesto de salud”, señaló Alcides Córdoba.

“En 1996 a los seis hijos de la familia de mi papá nos tocó separarnos. Algunos cogimos para Chigorodó, otros para Apartadó, otros se fueron para Turbo y algunos cuantos cogieron hacia el Medio Atrato”, relató Alcides Córdoba. En el año 2003, cuando se empezó a hablar de restitución, toda la familia, con el padre a la cabeza, empezó los trámites jurídicos para que les reconocieran sus derechos sobre la tierra. En los años siguientes, otras familias siguieron sus pasos.

Fue así como se reconstruyó la historia de la región y de cada una de las familias que allí habitaban. El Tribunal Superior de Antioquia encontró que, como en la mayoría de Urabá, la arremetida paramilitar en Macondo desplazó a los colonos y los despojó de sus tierras. Además, que Adriano Pino, un reconocido ganadero de la región y quien ocupaba los predios cuando comenzaron las reclamaciones de los labriegos, había comprado los terrenos a precios irrisorios gracias al conflicto armado. Por eso, en su fallo, el tribunal decidió no reconocerse ningún derecho sobre los predios a Adriano Pino.

“En vez de restitución querían darnos compensación, pero nosotros dijimos que no. Nosotros queríamos la tierra”, le dijo Alcides Córdoba a este diario. “Los campesinos tenían un argumento muy poderoso a su favor y es que nunca, en los más de 60 años que llevaban ocupando los predios, se había presentado una inundación. Además, por las actividades económicas de ellos en ganadería y colonización, el lugar ya había perdido su vocación de reserva natural”, explicó Paola Cadavid, encargada en Antioquia de la Unidad de Restitución de Tierras.

Sin embargo, el testimonio de los campesinos no era suficiente. Por eso, los magistrados dieron la orden a la corporación autónoma regional del Chocó (Codechocó) que hiciera un nuevo estudio sobre los terrenos. El 11 de mayo de 2016 el Tribunal Superior de Antioquia se reunió con los campesinos en Apartadó, no solo para escucharlos, sino para recibir el nuevo concepto sobre las tierras. En él, Codechocó declaró las tierras aptas para la ganadería y la vida humana. Dos meses más tarde, el 3 de julio, se profirió el nuevo fallo que autorizó de manera legal el retorno de los campesinos.

“Ahora sopla un viento favorable. Estamos soñando, y hemos aprendido que mientras soñemos, avanzaremos. Por ejemplo, aunque si queremos llegar a hacer la ganadería, ya somos más conscientes del impacto ambiental que trae y por eso queremos hacerlo de una forma mejor. Queremos reforestar, pero hacerlo de forma alternativa, de tal manera que podamos tener los árboles pero también nuestro ganado”, manifestó Alcides Córdoba.

En noviembre de 2015, sin una orden legal que los respaldara, la familia de Alcides Córdoba regresó a los predios, cuya futura ocupación aun estaba en vilo. Encontró el puesto de salud, el que habían dejado sin estrenar, repleto de murciélagos, plantas y arañas. Alcides Córdoba sostuvo que solo quienes han vivido el despojo en carne propia entienden la amargura que encierra un edificio viejo. Y agregó que solo quienes tiene la suerte de hacer el viaje de regreso definitivo -el que él realizó el pasado 17 de julio- saben que la sensación es inexplicable, y que la palabra felicidad “se queda cortica”.

mrubiano@elespectador.com

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