Amores junioristas

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Cierta vez, Juan Gossaín explicó con una reflexión lo que significa el Júnior para su región: “Es la querida de Barranquilla”. Y tuvo razón, porque Júnior es, con sus éxitos, el motor espiritual de los barranquilleros. Sin embargo, no siempre fue sostenida esa relación entre dirigentes, aficionados y los cuerpos técnicos, por frustraciones y malos resultados.

Por eso el caso de Julio Comesaña es interesante. Fue jugador campeón en una ocasión y técnico campeón en tres momentos. Nueve veces fue y volvió. Él, más que uruguayo, es barranquillero por adopción. La prueba más reciente la ofreció cuando se marchó con la ilusión y el reto de triunfar con el modesto Colón de Santafé en Argentina. Duro poco, por los flojos resultados, y a tanto llegó su decepción, que calificó esa experiencia más como equivocación que otra cosa.

Y apareció para intentar de nuevo darle forma ganadora al Júnior. La clave en tantos años de trabajo en la Arenosa es conocer de siempre la idiosincrasia del jugador costeño, porque jugó con muchos de ellos: Toto Rubio, Miranda, Reyes, Bolaño y Bonifacio Martínez, y aprendió de ellos el comportamiento, estilo de vida y especialmente su lenguaje y formas para aceptar el trabajo.

En ese aspecto, y es verdad de a puño, un técnico más que conocer los elementos básicos del trabajo propiamente dicho, debe reunir el grupo alrededor de un objetivo. Fijar metas, compaginar temperamentos y entender más a la persona que al futbolista en sí mismo. Allí, creo, radica en alto porcentaje la obtención de beneficios y rendimiento. Ser flexible cuando sea necesario, prudente en sus reacciones y motivador en el fondo de la historia. Estas condiciones las reúne Comesaña.

La novena estrella coincide con el regreso por novena vez de Julio al Júnior. Mientras aún se escuchan los vítores y manifestaciones por lo conseguido, es de suponer la importancia de entrar a figurar como corresponde en copas Libertadores o Sudamericana. Nuestros equipos, y no solamente Júnior, perdieron el paso en esa vitrina internacional. Es probable que ingresen jugadores con anhelos de ganadores y todos se comprometan con esa misión. Estuvo bien ganar la Liga colombiana, pero la ambición de conseguir otros logros debe reflejarse.

Los desencuentros amorosos, que suceden normalmente, solo se superan cuando los éxitos no resultan efímeros. Por eso mientras Júnior sigue siendo la “Querida de Barranquilla”, la familia Char y el técnico deben fijar prioridades, más allá de la parroquia. Cuentan con apoyo de aficionados y recursos económicos propios y de los que aporta el hecho de ingresar a torneos internacionales. Comesaña es capaz de convencer a los jugadores de aprovechar esas opciones, para ellos mismos y para la historia del nuevo campeón colombiano.

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