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Un fuerte aguacero se registró esta semana en Barranquilla, Soledad y Malambo. La lluvia despertó los arroyos en los dos municipios y en barrios del sur barranquillero (Las Nieves, La Luz, La Chinita y Los Trupillos). Mientras los arroyos hacían noticia, se reportaban en prensa los pormenores del desfalco de la empresa Triple A. Jorge Robledo, que ha hecho por muchos años control a los servicios públicos del Caribe, denunció en el Congreso “el robo” y “las grandísimas irregularidades” que cometieron los directivos de la operadora del servicio de agua, aseo y alcantarillado.
El hito de corrupción que trascendió de lo local a lo global, pasando por Colombia, Panamá y España, involucró procesos de corrupción, fraude fiscal y enriquecimiento ilícito. Investigaciones de la Fiscalía y la Procuraduría documentaron cómo, desde el año 2000, gerentes se quedaron con los dineros públicos de la empresa por medio de “supuestos contratos de asesoría técnica”, con los cuales se habrían pagado, al cierre de 2018, más de $329.000 millones. Uno de los frentes en que se desplegó la corrupción tuvo que ver con los contratos de aseo, que la Triple A otorgó sin la debida licitación.
Este último detalle está relacionado con los problemas de arroyos que se siguen viviendo, pese a avances en la canalización. Pues si bien la calidad del agua en la ciudad ha mejorado considerablemente desde los años 90, los servicios de aseo siguen siendo fragmentados en barrios del suroccidente. Así, bajo la excusa de la deficiente “cultura” de los barranquilleros, se ha culpado siempre a la población, pese a que el servicio mismo nunca ha sido generalizado en la ciudad. Al respecto, Robledo recordó que no existe un manejo eficiente de las aguas negras. “Los desechos del alcantarillado van a terminar al mar y a la ciénaga de Mallorquín”, afirmó.
También esta semana que termina fue noticia el mar de plástico y contaminación que amaneció flotando en las playas del municipio de Puerto Colombia, Atlántico. “La fuerza del agua y las brisas trajeron esta cantidad de basura hasta esta zona. Los desechos provienen del río Magdalena. Estamos preocupados porque es algo que nos afecta a todos”, explicó uno de los pescadores de la zona. “Lo más preocupante”, añadió, “es que esta situación se presenta con frecuencia”; es decir, cada vez que sube el caudal del río a causa de las lluvias.
Arroyos, problemas de corrupción y clientelismo, deficiencias en el servicio de aseo y gran contaminación del río Magdalena: la situación de hoy tiene ciertas semejanzas con aquella que precedió a la privatización de las empresas públicas de la ciudad, en la década del 90. En aquel entonces el robo de recursos públicos y la situación de las empresas solo comenzó a movilizar a la población y la oposición local cuando el río, única fuente de agua de la ciudad, exhibió altísimos grados de contaminación, lo que a su vez significó mayores inversiones en productos químicos de tratamiento de agua. A la postre fueron los gastos en químicos los que acabaron por quebrar a la empresa pública.
“El problema del río Magdalena es uno de dimensiones colosales, generado por la indolencia y la apatía de todo el país. Barranquilla merece el apoyo del Gobierno central. Estudios recientes de las empresas públicas informan que el agua del Magdalena tiene altos contenidos de hierro, aceites, detergentes, coliformes, insecticidas, mercurio, fosfatos, cloruros, arsénico, manganeso y plomo”, denunció un editorial del Diario del Caribe en 1990. Lo cierto es que hubo además importantes fuentes locales de contaminación: la primera, por el incumplimiento de las regulaciones sobre descargas industriales. Por ejemplo, en 1990 la Cervecería Bavaria fue multada por la ciudad por descargas ilegales en el río, pero después de pagar la multa continuó con las descargas. La planta multinacional de Dupont en Barranquilla fue también multada en numerosas ocasiones por descargas ilegales en el río. Otra fuente de contaminación provino de la descarga de aguas residuales sin tratamiento en el río. Otra más, de la cantidad de desechos sólidos arrastrados por los arroyos.
El declive en la calidad del agua del río, a finales de los años 90, desencadenó todo tipo de debates sobre ética pública y protección del ambiente. En aquel entonces, la solución escogida fue la privatización de las empresas públicas. Veremos cuál será la solución escogida en los meses que vengan.