Por un cambio regional

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En octubre se llevarán a cabo elecciones regionales en donde los colombianos votaremos por mandatarios locales: alcaldes, gobernadores, concejales, diputados y ediles.

Estas elecciones resultan de la mayor trascendencia para la vida diaria de los ciudadanos. Al fin y al cabo, son estos dignatarios los que tienen más capacidad para impulsar el desarrollo y determinar las políticas públicas con real posibilidad de mejorar entornos, movilidad, seguridad, empleo, educación, turismo, industria, recreación y deporte, que es lo que demandan y preocupa a las personas en cada departamento, municipio, localidad o barrio.

En las regiones hay gobernantes y candidatos de todo tipo. Los hay honrados y deshonestos, preparados y primíparos, estudiados e incultos, con visión de largo aliento y cortoplacistas, serios y payasos, realistas y populistas. Los ciudadanos quisiéramos a un verdadero estadista gobernándonos, pero la experiencia muestra que, en no pocas ocasiones, los mandatarios locales son un derroche de defectos y un pozo seco de virtudes.

La tortuosa financiación de las campañas y las perversidades que ello acarrea, la polarización y el sectarismo, las maquinarias y las castas políticas, el clientelismo y las ganas de servirse de la política, la corrupción y las “empresas electorales” acaban con el sueño de ver en esas dignidades a los mejores ciudadanos.

Existe la necesidad, aunque utópica, de que en las próximas elecciones hagamos un pacto ciudadano para elegir a los mejores candidatos. Nuestros departamentos y municipios demandan, en momentos de tanta dificultad institucional y polarización, un acto de seriedad política de cada ciudadano, que no es nada diferente al ejercicio del voto inteligente y sensato, guiado por el sano egoísmo colectivo de quienes quieren lo mejor para sus hijos, que es lo que creo llaman “interés general”.

Es nuestro deber elegir gobernantes con capacidad real de construir una mejor sociedad a través de liderazgos ajenos al populismo y apegados al realismo. No podemos seguir resignados a lo que las maquinarias y las “empresas electorales” trazan para nuestras comunidades. Más que nunca estamos viviendo un momento clave ante las dificultades por las que atraviesan el Gobierno nacional y la política en general, que parecen estar más preocupados en hacer triunfar sus odios y vanidades que en implementar y poner en marcha políticas públicas estratégicas que nos permitan disparar los índices de desarrollo económico y social.

Hay una oportunidad para propiciar un cambio desde las regiones. El pesimismo que ha generado el nada útil gobierno de Duque no puede contagiar a las regiones. Si Duque decidió gobernar engolosinado y obstinado con hacer trizas la paz y ser el vocero del odio y del retroceso, la provincia está en la obligación de dar las lecciones que nos permitan cambiar la agenda y pensar en el futuro.

Desde ya, debemos ir madurando el voto, poniéndole el ojo a los candidatos para no caer en el error de escoger a quien no corresponda. Tengo la sensación de que en varias regiones del país habrá gratas sorpresas.

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