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Escuchar la voz del Estado solicitando que “pongamos la verdad por encima de nuestras amistades” es un síntoma inequívoco de que las cosas quieren cambiar en este país, evitando que la ingobernabilidad (mal gobierno) se apodere de Colombia. Y junto al Estado, en la voz del padre De Roux confluyen otras que claman por la tolerancia, la confianza y la necesidad de que los Acuerdos de La Habana avancen. Durante el foro “Hablemos de verdad, Colombia en transición”, llevado a cabo el pasado 29 de mayo, Rodrigo Londoño de la FARC, Luis Eduardo Cifuentes de las Auc y otras voces autorizadas de la sociedad civil contestaron a la pregunta “¿por qué es tan difícil hablar de la verdad del conflicto armado en Colombia?”.
Desde los pregones sociales y artísticos elaborados por Andrea Echeverri y Jesús Abad Colorado, que como abrebocas del evento sensibilizaron al auditorio, hasta las intervenciones del alto comisionado para la Paz, del general en reserva Rafael Colón, de Aída Quilcué, lideresa indígena, y otros panelistas, reclaman lo que todo el pueblo colombiano piensa: el respeto por el diálogo social.
Esa proclama aderezada con el ingrediente de conseguir la verdad sin argumentos de autoridad, sin los discursos ni política ni económicamente correctos, resulta infalible. Venida del presidente de la Comisión de la Verdad, notifica a la ciudadanía colombiana sobre la importancia que le debemos dar a la vida misma. Más vale una vida que una empresa, dice Francisco de Roux y, citando al poeta Machado: “¿Tu verdad? No, la verdad; y ven conmigo a buscarla. La tuya guárdatela”.
Esas declaraciones me pusieron a reflexionar. ¿Cuánto cuesta un hombre libre? ¿Es justo arriesgar vida, honra, bienes, creencias y demás derechos y libertades de millones de colombianos para tratar de salvar de la determinación de la justicia a uno solo?
Por lo que quienes asistimos a ese importante foro organizado por Colombia 2020 de El Espectador, con el apoyo de la Embajada de Alemania en Colombia y en asocio con la Unión Europea, y que aplaudimos a quienes intervinieron, concluimos, sin decirlo, que los intereses colectivos priman sobre los individuales.
El senador Uribe Vélez debe permitir al presidente Duque gobernar con toda la autonomía que una verdadera democracia le concede al elegido por la mayoría de los colombianos y ocuparse más en su defensa ante los tribunales de la justicia, bajo los preceptos del debido proceso, sin que los desarrollos institucionales, como el proceso de paz, se vean interferidos por sus actividades en defensa de su inocencia.
Mario Froilán Reyes Becerra.
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