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Esta semana que cierra, como ninguna otra en la historia de Colombia, salió a relucir la importancia de la separación de poderes que desde el año 1748 expuso Montesquieu en “El Espíritu de las Leyes”. Muy útil para evitar que nuestro sistema presidencialista se desborde en dictadura.
Ya la economía se encuentra desgastada por el permanente ataque del poder Ejecutivo del Estado a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y cuya principal arma fueron unas objeciones que sirvieron de show mediático al corrupto Martínez Neira, que fracasó como su defensor y terminó enterrado igual que ellas, tal y como lo advirtió la revista The Economist el pasado 16 de marzo, al señalar que ese improvisado golpe al proceso de paz significaría una humillación para el Gobierno.
Ya la economía está debilitada por el protagonismo en los medios de comunicación de temas que polarizan politiqueramente, pues todo el mundo puede opinar sobre ellos desde las vísceras sin cifras en mano o sin siquiera conocer el contenido de las sentencias judiciales, pero repitiendo hasta la saciedad que existe impunidad, mientras callan frente a la impunidad de los responsables de saqueos como el de Reficar, Bonos Agua, Odebrecht, Medimás, Electricaribe, Triple A, Panama Papers y el PAE, entre muchos otros, que ni siquiera son profundizados por los periodistas.
Ya la economía ha resbalado, como sucedió con el decepcionante crecimiento económico del primer trimestre, el desplome de la inversión de portafolio, la caída de la construcción, el aumento dramático del desempleo y el desplome de la confianza del consumidor. Y aunque algunos empresarios aplauden de dientes para afuera al Gobierno, de dientes para adentro todos están nerviosos.
Ya la economía observó como se extirpó de la Fiscalía General al principal cómplice del nefasto “Cartel de la Toga” y espera que se retome el rumbo que otorgue garantías a los contratos, proteja los derechos fundamentales y garantice seguridad jurídica a las inversiones, para enfrentar una guerra comercial cuyos coletazos ya han hecho retroceder sustancialmente los índices bursátiles y subir la cotización del dólar.
Ya la economía entendió que el poder Ejecutivo del Estado no solo pueder ser un inútil para estimular la economía, sino que tambien puede ser un costoso lastre que todos pagamos con nuestros impuestos y hasta con nuestros trabajos. ¿Alguien no lo entiende?