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Al otro lado de la frontera

El Espectador llegó hasta la línea limítrofe en Arizona, el primer estado de EE.UU. que desde este jueves criminaliza la inmigración.

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En el lado mexicano de la frontera se respira esperanza, terquedad, deseo de llegar al otro lado sin importar qué pueda pasar en el camino. Todos saben los riesgos. “La policía te persigue como si fueras un conejo”, dice un anónimo. “Hay culebras, alacranes, animales salvajes que te atacan”, explica otro. Todos sonríen como si tuvieran la certeza de que llegarán a su destino, pero todos igualmente prefieren que su nombres no sean publicados.

Uno de ellos viajará esta noche. “Lo haré con un amigo. No tengo plata para pagar coyotes —los ‘guías’ que los llevan—, pero sé el camino. He tratado de cruzar tres veces”, reitera. Tres veces lo han devuelto. Pero no importa, tratará de nuevo.

Los que pueden, pagan entre US$2.000 y US$3.000 por llegar a EE.UU. desde el lado mexicano de Nogales, una ciudad dividida en dos. A Nogales la atraviesa un muro, a veces más alto, a veces más primario. Un muro que divide a dos países que comparten una historia. Hasta 1.848 Arizona pertenecía a México, pero en la guerra de Estados Unidos-México, la gran potencia se quedó con parte del país a cuyos ciudadanos ilegales hoy quiere no sólo sacar, sino perseguir.

Pero en Arizona eso se olvidó. Los más conservadores afirman que los latinos ilegales están quitándole trabajo a los llamados blue collars, gringos que buscan trabajo. Pero esos gringos difícilmente hacen los trabajos en construcción, limpieza, servicio, etcétera, que hacen los latinos. No los quieren tampoco porque aseguran que muchos son criminales. “No es cierto”, responde un anónimo. “Si lo único que queremos es trabajar, enviar dinero para construir una casita, para la familia”, dice con una infinita tristeza.

En la frontera también se respira criminalidad. Se consigue todo tipo de droga, se deambula entre policías y sicarios. Las mafias se matan entre sí para controlar los negocios: el narcotráfico, el trafico de armas y el más espeluznante de todos, tráfico humano. “Anteriormente el paso lo controlaban los coyotes, ahora los sicarios”, cuenta una fuente. “Buscan tener el control de un negocio millonario”, reitera.

Si bien esta ciudad no llega a los niveles de delincuencia de Juárez, por ejemplo, el crimen en todas sus manifestaciones se siente latente. “Cuídese niña”, dice una mujer que se acerca desinteresada. “Aquí graben rápido porque hay muchos sicarios y es peligroso”, nos explica el guía que nos ha acompañado desde que pisamos tierra mexicana.

Desde Nogales hoy en día tratan de pasar hacia EE.UU. muchas menos personas que antes. Martin Mcyntosh, de Iniciativa Kina, jesuitas que se encargan de brindarles alimentación a los deportados cuando los devuelven famélicos y deshidratados, asegura que de “de 200 a 300 que llegaban diariamente hoy llegan 50 0 60”. La organización vive de la caridad de la Iglesia católica y el respaldo del gobierno mexicano. Ya no alimenta a tantos porque las medidas de seguridad se han radicalizado en esta zona y quienes quieren llegar se reinventan la manera de hacerlo por otro lado.

Sin embargo, Martin tiene todos los días a decenas de hombres que alimentar. Hombres y también mujeres, aunque muy pocas, que llevan días sin baño y comida, visiblemente deteriorados, heridos, desnutridos, que ruegan por las lentejas y el sándwich de jamón y queso que regalan. Pero ante todo hombres que no dejaran de intentar llegar a Estados Unidos. Están al lado. Los separa un muro. En México y en cualquiera de los países de la frontera hacia abajo jamás harán por más que trabajen toda su vida, el dinero que lograrán conseguir así sea en el rango laboral más bajo de este país. Por eso lo intentarán de nuevo esta noche y muchas más. Ni la Ley SB1070 que entrará en vigencia esta noche, con algunas modificaciones (ver recuadro) los hará cambiar de planes. Así es la ley al otro lado de la frontera.

Las modificaciones de la Ley SB1070

La decisión

Luego de reunirse con organizaciones de inmigrantes y autoridades de Arizona, la juez federal de Estados Unidos Susan Bolton ordenó el bloqueo de las partes más polémicas de la ley de inmigración de Arizona, que entra este jueves en vigencia.

Los cambios

La juez bloqueó apartes como los que obligan a los agentes de Policía a comprobar el estatus migratorio de una persona a la que hayan detenido por otras razones. Es decir, que los policías no podrán detener a alguien sólo por sospecha.

Los delitos

La ley establecía como delito  que los indocumentados pudieran pedir empleo en lugares públicos o que alguna persona ayudara a transportara a un ilegal. Estos apartes pasan a los tribunales federales que deberán confirmar o negar la decisión.

Más demandas

La ley SB1070 afronta siete demandas, entre ellas una del  Departamento de Justicia, que alega, entre otras cosas, que los estados no deben usurpar las atribuciones federales para dictar la política migratoria. Sin embargo, 22 estados más quieren aplicar leyes parecidas.

Reacciones

La gobernadora de Arizona, Jan Brewer, calificó la decisión de un tribunal federal de bloquear partes de la ley de inmigración de ese estado como sólo “un pequeño sobresalto en el camino”. La gobernadora promulgó la medida el pasado 23 de abril.

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