Economía y polarización

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En una declaración sin precedentes, el gerente del Banco de la República, Juan José Echavarría, responsabilizó a la “polarización política” del estancamiento económico, generando otra polarizante reacción del senador Álvaro Uribe en contra de él por sus orígenes santistas y dando pie a ataques contra el banco central.

Aunque es cierto que las declaraciones del gerente del banco emisor muestran una parcialización dañina y atizan la polarización que tanto critica, constituyen una desesperada alarma ante la desatención del Gobierno al delicado tema económico que afecta a todos los colombianos, sin importar lo que piensen de la JEP, “falsos positivos” o del corrupto Néstor Humberto Martínez.

Fue decepcionante el crecimiento económico del primer trimestre, con apenas un 2,8 % y por debajo del 3,2 % esperado por el Banco de la República, y en momentos en que el ejército de desempleados llega a 2’682.000 personas y los subempleados a 9’457.000, que poco o nada entienden de los egos politiqueros que están en disputa.

Aunque el consumo interno ha aumentado satisfactoriamente en el presente año, la falta de oferta interna ha incrementado el preocupante déficit comercial externo del país en 91 % durante el primer trimestre, llegando a un hueco de US$2.366,6 millones, a pesar del aumento del precio de nuestra principal exportación: el petróleo.

Comemos más de los que producimos, pero ese exceso de gasto nos lo financian desde afuera mediante inversión extranjera, que implica desahorro nacional. Bienvenida la inversión externa, pero ¿solo en petróleo y minas? ¿Solo en capitales especulativos o langosta? Es precisamente ese desbalance externo el que más preocupa a las calificadoras de riesgos, que esta semana ratificaron la calificación BBB para Colombia, la segunda nota más baja posible de grado de inversión.

Mientras tanto ofrecen una política económica del desespero: fracking sin control, flexibilización o incumplimiento de la regla fiscal, venta de activos estratégicos como ISA, contratación pública bajo la modalidad privada más permeable a la corrupción, mayor endeudamiento público externo e interno, deforestación sin control e incumplimiento de normas de gobierno corporativo impuestas por la OCDE en empresas públicas, donde el Gobierno nombra funcionarios por favores electorales.

Y todo mientras la economía mundial se enfrasca en una peligrosa guerra comercial que amenaza con frenar aún más el crecimiento y el empleo. ¿Cuándo nos concentraremos en lo que nos afecta a todos?

@jrobertoacosta1 jrobertoacostaopinion@gmail.com

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