Moverse al centro

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El clima de pesimismo del país sigue ascendiendo. Las encuestas muestran que la percepción de los ciudadanos sobre casi todos los temas nacionales es que las cosas están empeorando.

La favorabilidad del presidente Duque regresó al 32 % en el Gallup Poll de esta semana, luego del efecto efímero de la reacción contra el Eln y Nicolás Maduro. Se trata de una situación común en el mundo: la desfavorabilidad de los presidentes y el pesimismo se han vuelto una epidemia en las democracias. Esta situación es complicada, pero no siempre bloquea políticamente a los países, porque existe otro elemento de la gobernabilidad política: el apoyo parlamentario. Hay casos como el de Francia, en que el presidente mantiene manejo político gracias a sus amplias mayorías parlamentarias. Y casos como el del Reino Unido, en que las mayorías de la primera ministra no le responden, y ha perdido el control de la política gracias al bumerán populista del brexit.

En Colombia el apoyo del Gobierno en el Congreso se encuentra igualmente alrededor de un tercio. Y con solo un tercio no hay gobernabilidad. Un gobernante puede compensar la falta de apoyo popular con una coalición de gobierno fuerte, fue el caso de Juan Manuel Santos, o viceversa, como en el caso del primer gobierno de Álvaro Uribe. Pero sin mayorías en ambos flancos, un presidente carece tanto de la capacidad de interpretar al grueso de la opinión pública, como de sacar adelante sus iniciativas. Eso hace que quede sin agenda, limitado a la defensiva o, peor, que sus iniciativas se le devuelvan en contra políticamente y alimenten a sus contradictores, generando él sus propias crisis.

No hay una sola explicación para el pesimismo y la baja favorabilidad, pero tienen mucho que ver con la polarización. La diferencia entre el gobierno Santos y el gobierno Duque es que en el primero la polarización provenía esencialmente del principal partido opositor, y en el segundo quien agita la tensión política que genera la incertidumbre y la inestabilidad es el propio partido de gobierno. Crisis políticas como la actual en torno a Santrich no son causadas por estrategias de la oposición, sino por un bumerán que empezó con las objeciones a la ley estatutaria de la JEP.

Es fácil entender que si la base política de un gobierno representa cerca de un tercio del electorado, debe buscar ampliarla. Algunos cometen el error de pensar que la base conservadora es la mitad del país, porque el No en el plebiscito obtuvo esa porción de la votación. La evidencia demuestra que esa no es una cuantificación real. La abstención en el plebiscito fue de 63 %, muy por encima de la abstención en otras elecciones. Y tanto la votación por el partido de gobierno en las elecciones legislativas (inferior al 20%) como los índices de aprobación de los líderes conservadores en encuestas (incluido el expresidente Uribe, 38 % en Gallup Poll) son muy inferiores a la del acumulado de los partidos de centro, y a los de líderes de centro como Sergio Fajardo (superior al 50 %).

El presidente Duque ganó la Presidencia porque se inclinó hacia el centro. La caída en su favorabilidad puede deberse a que en el gobierno se inclinó hacia la derecha, tanto a nivel de partidos como de temas. La gobernabilidad pasa por moverse al centro.

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