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Este domingo, en su ahora habitual columna de prensa, “Las líneas de Chávez”, el presidente venezolano señaló al cardenal Jorge Urosa de haber sido complaciente con el golpe de Estado de 2002, un par de días después de haberlo tildado de “troglodita”, al acusarlo de querer instaurar una dictadura comunista en Venezuela.
El 7 de julio, el arzobispo de Caracas envió una nota a Venezuela, reproducida por los medios locales, en la que asumía una posición crítica sin precedentes frente a las políticas chavistas. “Pasando por encima de la Constitución Nacional, el Presidente y su gobierno quieren llevar al país por el camino del socialismo marxista, que copa todos los espacios, es totalitario, y conduce a una dictadura, ni siquiera del proletariado, sino de la cúpula que gobierna”, decía la misiva.
El presidente Chávez respondió públicamente, pidió a “Dios para que lo perdone” y lo llamó “indigno y troglodita”. En la columna de este domingo, el jefe de Estado continuó con su defensa frente a las acusaciones del Cardenal: “No seamos tan inocentes: la jerarquía Católica, como institución, ha jugado un papel esencialmente político, tratando de mantener, a lo largo de la historia, el estatus de dominación, incluso con la más criminal violencia”.
El mandatario venezolano también expresó su distancia frente al ala más conservadora de la Iglesia católica, a la que relacionó con el Opus Dei, mientras que reivindicó a la Teología de la liberación: “La primera representa la doctrina de la opresión y de los intereses más deleznables, con la justificación de las desigualdades como principio divino; la otra, la libertad y la justicia de los olvidados que tienen el sagrado derecho de existir en un mundo más humano”, aseguró.
Durante sus diez años de gobierno, Hugo Chávez ha tenido una relación conflictiva con la alta jerarquía eclesiástica. A los prelados los relaciona con las élites tradicionales y con la oposición contraria a su revolución.