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Detrás de la curva

Los datos recientes confirman que el plan de Obama se quedó corto.

Paul Krugman
15 de marzo de 2009 – 05:00 p. m.

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El plan del presidente Barack Obama para estimular a la economía fue “masivo”, “gigantesco”, “enorme”. Así se le dijo al pueblo estadounidense, en especial en los noticieros de televisión, durante los preparativos para votar la iniciativa. Al ver las noticias, se podría haber pensado que la única pregunta era si el plan era demasiado grande y demasiado ambicioso.

No obstante, muchos economistas, yo mismo incluido, en realidad, argumentaron que el plan era demasiado pequeño y demasiado cauteloso. Los datos recientes confirman esas inquietudes, e indican que las políticas económicas de Obama ya se están quedando rezagadas respecto de la curva.

Para ver qué tan mal andan los números, hay que considerar esto: las propuestas presupuestales del Gobierno, dadas a conocer hace menos de dos semanas, presuponen una tasa promedio de desempleo de 8,1% para todo el año. En realidad, el desempleo llegó a ese nivel en febrero, y está aumentando rápido.

El empleo ya ha caído más en esta recesión de lo que lo hizo en la crisis de 1981-1982, considerada la peor desde la Gran Depresión. Como resultado, la promesa de Obama de que su plan crearía o salvaría 3,5 millones de trabajos para finales de 2010 parecería poco impresionante, por decir lo menos. Es una promesa creíble; sus economistas usaron estimaciones sólidas de la corriente principal sobre los impactos de las políticas fiscal y del gasto. Sin embargo, 3,5 millones de empleos dentro de casi dos años no son suficientes de cara a una economía que ya ha perdido 4,4 millones de trabajos, y está perdiendo 600.000 más cada mes.

Ahora se plantean tres grandes preguntas sobre la política económica. Primera, ¿se da cuenta el Gobierno de que no está haciendo suficiente? Segunda, ¿está preparado para hacer más? Tercera, ¿el Congreso secundará políticas más fuertes?

En cuanto a las dos primeras, encontré en la entrevista más reciente de Obama con The New York Times un mensaje poco tranquilizador.

“Creemos y tenemos la expectativa de que habremos colocado todos los pilares para la recuperación este año”, declaró el Presidente. Una creencia y una expectativa que no respaldan ningunos datos ni un modelo de los que yo tenga conocimiento. Seguramente, se supone que los líderes deben sonar tranquilos y bajo control. Sin embargo, frente a los datos funestos, esta observación sonó poco realista.

Y no hubo ningún indicio en la entrevista de que estén preparados para hacer más.

Un arreglo real de los problemas del sistema bancario podría ayudar a compensar el tamaño inadecuado del plan de estímulos, así que fue bueno escuchar que Obama pasa al menos una hora diaria con sus asesores económicos, “analizando la forma en la que estamos abordando los mercados financieros”. Sin embargo, continuó para desechar los llamados a una acción decisiva por considerar que provienen de “blogs” (en realidad, lo hacen de muchos otros lugares, incluido al menos un presidente de un banco de la Reserva Federal), y sugirió que los críticos quieren “nacionalizar todos los bancos” (algo que nadie está proponiendo).

Como yo lo interpreté, este rechazo –junto con la falta de un anuncio sobre planes amplios para reestructurar a la banca– significa que la Casa Blanca ha decidido arreglárselas en el frente financiero, dependiendo en la recuperación económica para rescatar a los bancos en lugar de a la inversa. Y con el plan de estímulos tan reducido para producir una recuperación económica. Bueno, ya se tiene el panorama.

Más tarde o más temprano, el Gobierno se dará cuenta de que se tiene que hacer más. Sin embargo, cuando regrese por más dinero, ¿estará de acuerdo el Congreso?

Los republicanos están ahora firmemente comprometidos con el punto de vista de que no deberíamos hacer nada para responder a la crisis económica, excepto reducir impuestos, lo que siempre quieren hacer sin importar las circunstancias. Si Obama regresa por una segunda ronda de estímulos, ellos responderán no porque sean útiles, sino diciendo que fallaron sus políticas.

En contraste, la población en general está a favor de acciones contundentes. Según una encuesta de opinión reciente de Newsweek, una mayoría del electorado apoya los estímulos, y, más sorprendente, una cantidad considerable cree que será necesario un gasto adicional. Sin embargo, ¿seguirá ese apoyo dentro, por decir, unos seis meses?

Asimismo, una gran mayoría cree que el Gobierno gasta demasiado en ayudar a grandes instituciones financieras. Esto indica que la política financiera de dinero por nada del Gobierno terminará por dilapidar su capital político.

Así que aquí está el panorama que me asusta: en septiembre de 2009, la tasa de desempleo ha superado nueve por ciento, y, a pesar de la primera ronda de gasto en estímulos, aún sigue subiendo. Obama finalmente reconoce que son necesarios estímulos mayores.

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Sin embargo, no logra que su nuevo plan se apruebe en el Congreso, porque la aceptación de sus políticas económicas ha caído en picada, en parte debido a que se perciben como fallidas, y por  que las políticas de creación de empleo se han unido en la mente de la población a los rescates bancarios profundamente impopulares. Y, como resultado, la recesión continúa en medio de la polémica, sin control.

Está bien, se trata de una advertencia, no de una predicción. Sin embargo, la política económica se está quedando atrás de la curva, y existe un peligro real, en aumento, de que nunca la alcance.

 * Premio Nobel de Economía 2008.

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