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Son las cosas que pasan cuando una de las economías más grandes del mundo quiere llamar la atención. Dejar de hablar de los aranceles del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no va a ser fácil, pues sus repercusiones pegan no solamente en los mercados, sino también en la geopolítica. ¿Qué ha pasado en la última semana? Aquí los vamos a actualizar.
Hace ocho días publicamos la primera parte de este resumen sobre la guerra comercial provocada por los aranceles de Trump. Si quieren revisar el contexto y entender de dónde venimos, pueden dar clic al enlace para refrescar la memoria y luego sí volver a este boletín en el que si bien vamos a demostrar que el flujo de información bajó un poco, sigue siendo tema de conversación y de agenda lo que anuncia el mandatario estadounidense y las reacciones en distintas partes del mundo frente a sus decisiones.
¿En qué quedamos la semana pasada? Hasta el pasado 9 de abril, y este será un tema clave en este boletín, los roces entre Estados Unidos y China habían aumentado. Los primeros lanzaron aranceles récord y los aumentaron al 145%. Luego, los segundos respondieron elevando al 125 % los aranceles a productos estadounidenses. Y mientras ambos medían sus alcances, las bolsas en Asia y Europa caían. Edwin Bohórquez, quien generalmente está al frente de estos envíos que hacemos para ustedes, nos explicaba que “hay que esperar un poco para ver, cuando las empresas comiencen a pagar dichos aranceles, cómo se aumentarán los precios finales de los consumidores. Y por ese camino, la inflación. La realidad es que aquí hay tres jugadores importantes: Estados Unidos, China y la Unión Europea. ¿Por qué? Porque entre los tres se mueve más del 60 % del comercio global. Los demás países -o en el mejor de los casos, pequeños bloques económicos con acuerdos tipo TLC firmados- terminamos siendo espectadores y nos toca movernos al ritmo de la borrasca”.
El rifirrafe a nivel mundial golpeó el índice de confianza de los consumidores, que en abril cayó 6,2 puntos, hasta los 50,8, la lectura más baja desde junio de 2022, según la Universidad de Michigan. Esto, antes de los elevados porcentajes de aranceles anunciados por Estados Unidos y China.
Frente al panorama, los consumidores prevén que los precios suban a una tasa anual del 4,4 % durante los próximos cinco a diez años, la más alta desde 1991 y superior al 4,1 % del mes anterior, según datos.
Además, se prevén un aumento del 6,7 % en los costos el próximo año, la mayor desde 1981. En marzo, las expectativas de inflación anual se situaron en el 5 %.
Aquí la inflación empieza a preocupar otra vez, pues los datos del Índice de precios al consumidor mostraron que hubo una desaceleración en marzo. El dato fue impulsado por una caída del 11,1 % en los precios de la gasolina. Además, el índice de precios al productor (PPI) disminuyó 0,4 % en marzo, comparado con un aumento de 0,1 % el mes anterior, señaló el Departamento de Trabajo.
¿Y el dólar qué? Con el contexto de los aranceles, la divisa se acercó a los $4.500. Aunque es un número elevado, al finalizar la semana pasada parecía moderarse. Daniel Felipe Rodríguez Rincón, periodista económico de El Espectador, nos contaba que “algunos analistas afirman que lo que ha pasado en lo corrido de abril incluso superó en volatilidad a lo vivido en el estallido de la guerra entre Rusia y Ucrania. Si bien dicho conflicto afectó las cadenas de suministro, la cotización del petróleo y hasta los fertilizantes, no provocó una reacción tan repentina y aguda en tantos indicadores bursátiles -al mismo tiempo- como la tormenta arancelaria”.
“Hubo una fuerte aversión al riesgo global que generó salida de capitales de economías emergentes como Colombia. Al mismo tiempo, las expectativas de menor crecimiento mundial golpearon los precios de los commodities, lo que también presionó al alza la tasa de cambio”, dijo Jackeline Piraján, economista principal de Scotiabank Colpatria frente al comportamiento del dólar en el país.
Y es que la moneda estadounidense tuvo un comportamiento volátil en las últimas semanas, pues pasó de los $4.150 en la previa de la ofensiva arancelaria a superar los $4.470 en medio de la escalada de anuncios, tensiones, ataques y contraataques, para luego retroceder hasta los $4.337 el pasado jueves. Este miércoles 16 de abril, la divisa comenzó al alza en $4.352, registrando un aumento de $72 frente a la de ayer, que estaba en $4.280.
Gabriela Bautista, del equipo de investigaciones económicas de Corficolombiana, le explicaba a Rodríguez en su artículo que “estimamos que el pass-through, que es esa transmisión de los movimientos en la tasa de cambio a la inflación, tarda en promedio unos seis meses en reflejarse. De mantenerse las tensiones internacionales que impriman presiones alcistas en la tasa de cambio, esto podrá añadir más presiones inflacionarias sobre los bienes transables de unos cuatro a seis meses”.
No es fácil predecir el comportamiento del dólar. Eso refleja también el nivel de incertidumbre de las economías frente a la guerra arancelaria. La semana pasada, Diego Franco, jefe de inversiones de Franco Capital Asset Management, dijo que “Lo que podría venir es una extensión de lo que vimos al cierre del día: un dólar que pasaba de $4.470 a $4.320, una caída muy fuerte y acelerada”. Pero cómo ven, esta semana volvió a subir la divisa.
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Incertidumbres que también se ve reflejada en golpes que indirectamente podría tener la economía nacional. La sección de economía nos contaba que hay varias cifras que prometían una recuperación de varios sectores, pero que ante el pánico inversor y los riesgos financieros, el país sufriría una desaceleración de sus principales socios comerciales y una depreciación sostenida del peso. Algunas de esas cifras muestran lo siguiente:
- El comercio, tras un 2023 de caída (-3,6 %), se proyectaba como el líder del 2025 con un crecimiento de 4,6 %.
- La industria manufacturera revertiría dos años consecutivos de contracción con un modesto pero simbólico 1,8 %.
- El agro, que venía de crecer 8,1 % en 2024, seguiría pujante con un 3,5 %.
- Solo minas y canteras seguirían en terreno negativo, golpeadas por la transición energética y la menor demanda externa.
En vista del comportamiento del mercado, el Gobierno Nacional trazó una hoja de ruta para hacerle frente a los impactos que pueda haber en las exportaciones. El primer movimiento que presentó el Gobierno fue el pasado viernes, cuando el país formalizó su intención de hacer parte de los interesados en negociar con la administración Trump mejores condiciones comerciales ante el arancel del 10 %, que cobija a todos los socios comerciales de Estados Unidos, pero que en este caso excluye a los productos mineroenergéticos (como el petróleo o el carbón).
Cielo Rusinque, ministra encargada de Comercio, Industria y Turismo, informó la semana pasada que se enviaron dos cartas para formalizar la intención de tener un diálogo abierto con el gobierno estadounidense y negociar una reducción del gravamen, tasas diferenciadas para ciertos productos y, si todo sale bien, lograr una eliminación total del arancel.

Aquí es importante recordar que Estados Unidos ha sido históricamente el mayor socio comercial de Colombia. Solo en 2024, el país exportó US$14.336 millones, casi el 29 % del total de sus ventas externas. Sin embargo, más de la mitad de esos envíos fueron de los productos mineroenergéticos y el restante corresponden a flores, café, alimentos, textiles y químicos.
“Estamos hablando de que otros países tienen un 6,8 % de base que, si lo sumamos con este 10 %, estamos hablando del 16,8 % de arancel. Cuando Colombia, al haber tenido en el marco del tratado un arancel cero, estamos hablando que Colombia en este momento tiene el 10 %”, explicó la ministra sobre los productos a los que sí aplica este impuesto, como por ejemplo sucede con las flores y otros elementos de la industria y el agro.
“Hasta el momento nosotros no tenemos una afectación (…) pero el mercado (global) sí se está cerrando”, señaló Martha Carvajalino, ministra de Agricultura, para aclarar también que el país tiene una posición que resulta competitiva frente a ciertos productos con respecto a otros países exportadores, lo que significa que hay un buen punto de partida para negociar.
Rodríguez Rincón también nos explicaba que sobre una posible renegociación del TLC con Estados Unidos, vigente desde 2012, Rusinque señaló que se están valorando las condiciones de ese tratado y que, en esta coyuntura “hay que entrar a revisar cómo podemos hacer que, bajo ese TLC que nos rige, bajar ese arancel del 10 %”.
¿Y la diversificación del mercado? Este es otro punto importante que si bien se ha mencionado con mayor recurrencia debido a la coyuntura, este era un objetivo del Gobierno desde antes.
Además de los acercamientos con China y otros mercados de Asia, el Gobierno también plantea profundizar en el comercio con países del bloque latinoamericano, y para eso el presidente Gustavo Petro busca aprovechar espacios como el foro de la CELAC, en la que, dicho sea de paso, Colombia asumió la presidencia rotativa.
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Cambiemos de latitud. Es momento de hablar específicamente de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, pues son varios los puntos por mencionar aquí.
Retomemos un poco. El pasado viernes, Estados Unidos anunciaba que aumentaba a 145% los aranceles a China. Estos respondieron elevando al 125 % los aranceles a productos estadounidenses.

“La imposición por parte de Estados Unidos de aranceles anormalmente altos a China viola de forma grave las normas comerciales internacionales, las leyes económicas básicas y el sentido común”, afirmó la Comisión Arancelaria del Consejo de Estado de Pekín, que a su vez informó que: “Dado que, a este nivel de aranceles, los productos estadounidenses exportados a China ya no tienen posibilidad de ser aceptados en el mercado chino, si Washington sigue aumentando sus aranceles, China lo ignorará”.
Ante la agresividad de la guerra arancelaria, Xi Jinping, presidente chino, dijo: “China y la UE deben asumir sus responsabilidades internacionales, proteger juntas la globalización económica (…) y resistir juntas a todo hostigamiento unilateral”.
A diferencia de China, la Unión Europea decidió suspender las medidas de represalia que tenía preparadas “para dar una oportunidad a las negociaciones” luego de que Trump pausara los “aranceles recíprocos”.
Sin embargo, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtió que tienen a disposición un “amplio abanico de contramedidas”, como tasar los ingresos publicitarios de las plataformas digitales estadounidenses dentro del bloque.
“La pausa a los países que no adopten medidas retaliadoras puede calmar un poco los mercados (que venían varios días en rojo), pero deja sin resolver el problema, sobre todo con China”, afirmó David Fernando Varela, profesor de la U. Javeriana y doctor en Relaciones Internacionales de la U. Johns Hopkins.
En escenarios como el actual, los bonos del tesoro de Estados Unidos, que han sido un activo sólido en circunstancias así, han tenido caídas considerables. China precisamente es el segundo mayor propietario extranjero de bonos del Tesoro, después de Japón.
Rápidamente, para los mortales como yo que no entendemos qué son los bonos del Tesoro: también conocidos como bonos del gobierno, estos se convierten en instrumentos de deuda emitidos por un gobierno nacional para financiar su gasto público. Si una persona compra un bono del Tesoro, estaría prestándole dinero al Gobierno, que después le regresará ese dinero junto con un interés acordado.
En una nota publicada por la Agencia Bloomberg, nos enterábamos de que: “Los bonos caían mientras el mercado de US$29 billones se encaminaba a su mayor pérdida semanal, hecho que se extendió el viernes. La deuda pública estadounidense perdió más del 2 % esta semana al cierre del jueves, lo que significa la mayor caída desde que estalló una crisis de liquidez en el mercado de acuerdos de recompra, o repos, en septiembre de 2019″.
“El problema que enfrentan los mercados es una pérdida de confianza en la política estadounidense”, dijo Kathy Jones, jefa estratégica de renta fija de Charles Schwab. “Los cambios abruptos en la política arancelaria han provocado la desconexión de operaciones apalancadas y han dejado a los compradores al margen”.
¿Qué significa que China sea el segundo propietario extranjero de bonos del Tesoro de Estados Unidos en este contexto? Sin pruebas fehacientes, algunos analistas han dicho que las ventas que ha realizado Pekín en el último tiempo pudieron haber contribuido a la mayor subida de los rendimientos a 30 años desde la pandemia y la consiguiente volatilidad.
“China podría estar vendiendo bonos del Tesoro en represalia”, escribió Ataru Okumura, estratega senior de tasas de interés de SMBC Nikko Securities en Tokio, en una nota a los clientes.
En medio de todo este rifirrafe, supimos que a la lista de bienes con exenciones para los aranceles (entre los que ya estaban los minero-energéticos) fueron incluidos los teléfonos inteligentes, computadoras y otros aparatos electrónicos, particularmente a los dispositivos importados desde China. Esta medida beneficia, entre otros, a gigantes tecnológicos como Apple, cuya parte de la producción está en ese país.
¿Qué ha pasado con el mercado chino? Estos últimos días hemos visto algunos impactos. Por ejemplo, el volumen de carga marítima que transita por los puertos de China reportó una desaceleración.
Según datos del Ministerio de Transporte de China, divulgados este lunes, los puertos procesaron 244 millones de toneladas la semana pasada, lo que representa una caída del 10 % frente a la semana anterior y un 4 % menos que en el mismo periodo de 2024.

Asimismo, nos enterábamos de que: “La caída no solo se reflejó en el tonelaje total procesado. También se redujo el número de contenedores movilizados, en contraste con la carga aérea, que aumentó más del 30 % por novena semana consecutiva. Este crecimiento se explica en parte por el esfuerzo de los exportadores chinos por acelerar envíos antes de que entren en vigor nuevas restricciones”.
Frente a los mensajes que ha estado enviando China a Estados Unidos, el presidente Donald Trump instó a Pekín a tomar la iniciativa en las negociaciones. Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, leyó también un mensaje dictado directamente por Trump: “La pelota está en la cancha de China. China tiene que llegar a un acuerdo con nosotros. Nosotros no tenemos por qué llegar a un acuerdo con ellos”.
Trump aprovechó también para reiterar que China es el que necesita al consumidor de su país. “No hay diferencia entre China y cualquier otro país, excepto que son mucho más grandes, y China quiere lo que tenemos: el consumidor estadounidense. O, dicho de otro modo, necesitan nuestro dinero”, dijo el mandatario estadounidense.
Para ir cerrando, les quiero compartir dos análisis que suman también a la comprensión de la guerra arancelaria. El primero es de Santiago La Rotta, editor económico de El Espectador, sobre el turismo global y el impacto que tenga este sector debido a la guerra arancelaria.
En su artículo, La Rotta aclara que las cifras del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, en inglés), una de las organizaciones más respetadas para el análisis económico de esta industria, muestra que antes de lo sucedido con los aranceles, este sector parecía gozar de buena salud, pues “Las proyecciones del Consejo para 2025 fueron publicadas esta semana y en ella se habla de sobrepasar los US$2 billones en el gasto de los viajeros internacionales, rompiendo el récord anterior en esta materia, de US$1,9 billones (2019). (…) También se habla de una contribución de US$11,7 billones para la economía global, representando 10,3 % del PIB mundial”.
Citada por la agencia Bloomberg, Julia Simpson, cabeza del WTTC, el sector turismo no tendría un golpe significativo, pues la lógica de esta industria se mueve con base en planes de largo plazo, lo que los hace algo resistentes a fenómenos más inmediatos.
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“Ahora bien, el optimismo alrededor de los viajes internacionales tendrá que someterse a una cierta prueba de resistencia, pues de fondo nadie sabe hasta cuándo ni qué tan severos seguirán los ataques en la guerra comercial. Por ejemplo, es absolutamente incierto qué pasará después de la pausa de 90 días. Si bien se espera que haya negociaciones de varios países con EE.UU., el resultado de estas charlas es muy complejo de prever, por decir lo menos,” escribió La Rotta.
También habló de los cambios en política migratoria y de las tensiones entre México y Canadá por los aranceles, pues estos sí podrían afectar el turismo en Estados Unidos. Al menos, así lo indica un estudio de Oxford Economics, que proyecta una caída en el número de visitantes de casi 10 % para 2025, con posibilidad de empeorar. Esto implicaría una caída en recursos por orden de US$9.000 millones.
El otro análisis es en general sobre la guerra comercial, y para esta ocasión sumamos un texto publicado por Radar Latam 360, de José Antonio Ocampo, profesor de la Escuela de Asuntos Internacionales y Públicos de la Universidad de Columbia. En su artículo, por ejemplo, nos da un poco de contexto histórico sobre las decisiones de los aranceles: “En términos cuantitativos, se estima que el arancel promedio estará en torno al 20 % o un poco más, el nivel más alto en más de un siglo. Constituye un regreso a la tradición proteccionista que caracterizó a Estados Unidos desde su independencia hasta comienzos del siglo XX, pero rompe con el hecho de que fue también el país que promovió acuerdos mundiales de comercio después de la Segunda Guerra Mundial, con el Acuerdo de Aranceles y Comercio (GATT), que se firmó en 1947, y la creación de la Organización Mundial de Comercio, en 1995″.
Ocampo, que nos habla de los riesgos y el pesimismo frente a posibles escenarios de desaceleración económica, e incluso de una posible recesión, plantea que » la economía mundial ha entrado en un período de incertidumbre con pocos antecedentes. La comparación que se hace es con el fuerte aumento de la protección adoptada por Estados Unidos en 1930, que agudizó la llamada Gran Depresión. La comparación no es demasiado rigurosa, porque esa crisis tuvo su origen en el colapso financiero, especialmente del de la Bolsa de Valores de Nueva York en 1929. Pero, más allá, la pregunta de fondo es cuál será la economía mundial que veremos con el fin de la globalización y, sobre todo, con la enorme polarización que se genera entre los dos países más importantes del comercio mundial”.
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