Dos cartas de los lectores

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El canto de las sirenas

A pesar de que el hombre es un ser pensante y racional, se deja imponer criterios, estilos de vida y, quién lo creería, hasta formas de actuar que a la hora de la verdad desconoce y, peor aun, que no se interesa por indagar. Lastimosamente en la actualidad es el sistema el que decide por cada uno , el que nos hace creer que poseemos ese tan mencionado libre albedrío y que tenemos la autonomía para decidir qué camino seguir, ignorando que estos caminos se encuentran dentro de una cerca gigante de la que ninguno puede salir, pero… ¿quién quiere salir?

Algunos medios de comunicación presentan la información objetivamente, preocupándose porque sus lectores o espectadores comprendan la verdadera idea que se pretende transmitir, mientras que otros de manera arbitraria imponen cada una de las acciones que realizamos individualmente y en conjunto como sociedad, como la ropa que compramos, lo que comemos o el candidato próximo a elegir. Esto sucede porque son escasas las personas que con criterio y autonomía toman las riendas de cada decisión sin dejarse encauzar en utopías que son ciertamente absurdas.

Lo más lamentable de la situación es que nadie se queja, nadie se opone; lo que me lleva a deducir que estamos suspendidos, como diría Heidegger, “estamos en estado de interpretado”, en donde lo que creemos que son nuestras ideas no son nada más ni nada menos que ideas de otro implantadas en nuestro cerebro.

Nos hemos convertido en esclavos de la supuesta libertad que tanto proclamamos, sometidos a cuanta ‘’verdad’’ nos ofrecen, cayendo en un círculo vicioso sin siquiera notarlo, replicando una y otra vez lo que vemos que hacen otros bajo la ilusión de que la mujer será más joven, el hombre más fuerte, más varonil y, ¿por qué no?, en un futuro, inmortales, viciados de ignorancia frente a la libertad que tenemos.

Si no se hace nada para cambiar esto y en casa no se forjan jóvenes con criterio y poder de decisión, seguiremos tal como estamos, escuchando atentamente el perverso canto de las sirenas que atrapa nuestra mente anonadándonos con su aparente realidad ideal. Razón tienen las leyendas de amilanar a sus lectores cuando se alcanza a vislumbrar una sirena. Daniela Pérez García.

La Corte no sobra

Contrario a lo insinuado por el editorial de El Espectador, “Nada para celebrar” (5-may-19), es bueno que la Corte Constitucional entre a mediar en el asunto de las objeciones a la JEP. Eso blindará cualquier decisión que se tome en un tema espinoso. David Ramírez.

Envíe sus cartas a lector@elespectador.com

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