Publicidad

Crisis roja

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Culpables, absolutamente culpables, todos los protagonistas de la última crisis en Independiente Santa Fe.

Culpables los directivos encabezados por el presidente César Pastrana, un hombre de buena voluntad, pero sin los recursos económicos y los conocimientos para sacar adelante la tarea de manejar un club con los gravísimos problemas judiciales y monetarios que tiene encima el elenco rojo. Pastrana vendió y prestó lo mejor del plantel que tuvo una buena tarea el año pasado por una sola razón: necesidad económica, más de 700 millones de deudas a 31 de diciembre, que se mitigaron con esos préstamos. No tenía otra alternativa. Pero a Pastrana le faltó sentido común para taponar los huecos que dejaban los jugadores que salieron y optó por llenarse de viejos resabiados, malas personas, con pésimos antecedentes en otras instituciones, donde han dejado una huella de disociadores y problemáticos.

Culpable el técnico Néstor Otero, que se quedó pese a que le menguaron la nómina, le faltó inteligencia para vislumbrar que la llegada de esos veteranos ‘gallinas viejas’, comen y beben pero no ponen, terminaría por hacerle imposible la vida. La mezcla de los conflictivos del año pasado, con los que tuvo contratiempos que fueron disimulados por una buena campaña, con las ‘joyitas’ que llegaron este año, era un coctel molotov a la vista. Otero fue, como el marido engañado, el último en enterarse de lo que tramaba la ‘barra brava’ de adentro del club.

Y culpables ciento por ciento esos jugadores que irrespetaron a la afición y decidieron desde el primer día que lo importante no era la institución, los hinchas, los aficionados que pagan, sino su ego y que lo primero que debían hacer era echar al técnico. Lo más triste es que esos jugadores sacatécnicos siguen ahí, muertos de la risa, sin que nadie de la directiva les haya advertido que con la roja no se juega. Lamentable.

El remedio fue peor que la enfermedad: manosear a un tipo serio como Julio Comesaña, prestarse a contratar a Arturo Boyacá, un fusil quemable en pocos días, quien ya ha demostrado que carece de personalidad, jerarquía y conocimientos para dirigir un equipo profesional. Y atrás, escondido en la penumbra, obrando por interpuesta persona, haciéndose el que no sabe y no ve, está Hugo Prieto, el que trajo a Boyacá, se la jugó por Basílico González, sacó a Pecoso Castro y tiene que ver en el despilfarro de mas de diez millones de dólares que le dieron para ser campeón. El de los negocios extraños y nunca explicados claramente como Juventud Soacha, Nazarith, Bridge, etc. Algún día se contará la verdadera historia de Hugo Prieto, el Juan Carlos López de Santa Fe.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido